¿Quieres reaccionar a este mensaje? Regístrate en el foro con unos pocos clics o inicia sesión para continuar.
¿Quién está en línea?
En total hay 3 usuarios en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 3 Invitados :: 1 Motor de búsqueda

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


El record de usuarios en línea fue de 50 durante el Dom 24 Nov 2013, 21:40

Algo para leer # 01

Página 2 de 40. Precedente  1, 2, 3 ... 21 ... 40  Siguiente

Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:16

El magistrado abrió el frasco y engulló su contenido. Rob sospechaba que tendría nauseas, escupiría y ordenaría el arresto inmediato de ambos, pero Fitts acabó las ultima gota y se pasó la lengua por los labios.

--Un buen traguito.

--Muchas gracias, sir John.

--Dame varios frascos para llevar a casa.

Barber suspiro, como si se hubiera dejado engañar.

--Por descontado, mi señor.

Aunque los frascos con orines tenían una raya para distinguir los de hidromiel sin diluir y se guardaban en un rincón del carromato, Rob no se atrevió a probar ningún licor por temor a equivocarse. La existencia de la serie Especial logró que toda el hidromiel le resultara repugnante, y tal vez esto lo salvó de convertirse en borrachín a tierna edad.

Hacer malabarismos con tres pelotas era espantosamente difícil. Practicó durante tres semanas sin obtener grandes resultados. Empezó por sostener dos pelotas con la mano derecha y una con la izquierda. Barber le indicó que hiciera malabarismos con dos pelotas en una sola mano, cosa que ya había aprendido. Cuando Rob creía llegado el momento oportuno, incorpórala la tercera pelota al mismo ritmo. Dos pelotas subían juntas, luego una, después dos, a continuación una... La solitaria pelota que se balanceaba en las otras creaba una bonita imagen, pero no era verdadera prestidigitación Cada vez que intentaba un salto cruzado con las tres pelotas tenía problemas.

Practicaba siempre que podía. Por la noche, en sueños, veía las pelotas de colores danzando por los aires, ligeras como pájaros. Cuando estaba despierto intentaba lanzarlas como en sueños, pero no tardaba en verse en figura Se encontraban en Stratford cuando le cogió el tranquillo. No percibió nada distinto en el modo en que las lanzaba o las cogía. Lisa y llanamente, había encontrado el ritmo, las tres pelotas parecían elevarse de forma natural de sus manos y caían como si formaran parte de su ser.

-Barber estaba satisfecho.

-Hoy es el día de mi nacimiento y me has hecho un buen regalo--dijo.

-Para celebrar ambos acontecimientos fueron al mercado y compraron un corte de venado joven para asar, que Barber hirvió, mechó, condimentó con yerbabuena y acedera y luego asó en cerveza, acompañado de zanahorias y peras dulces.

¿Cual es el día de tu cumpleaños? --pregunto mientras comían.

--Tres días después de St. Swithin.

¡Pues ya pasó y ni siquiera lo mencionaste!

Rob no respondió. Barber miró a su aprendiz y asintió con la cabeza.

Luego cortó mas carne y la puso en el plato de Rob.

Esa noche Barber lo llevó a la taberna de Stratford. Rob tomó sidra dulce, pero Barber bebió cerveza nueva y entonó una canción para celebrar el día. Aunque no tenía una gran voz, era capaz de seguir una melodía.

Cuando acabó, se oyeron aplausos y golpes con las jarras sobre las mesas. A una mesa de un rincón había dos mujeres, las únicas presentes. Una era joven, corpulenta y rubia. La otra, delgada y mayor, con manchones grises en su cabellera castaña.

--¡Mas! --gritó descaradamente la mujer mayor.

--Señora, sois insaciable --replicó Barber. Echo hacia atrás la cabeza y dijo Aquí va una nueva y alegre canción para los galanteos de una viuda madura, que dio cama a un canalla que fue su triste ruina.

¡El hombre la montó, la hizo saltar y le robó todo su oro a cambio del cuerpo a cuerpo.

Las mujeres se desternillaban de risa, tapándose los ojos con las manos.

Barber les invitó a cerveza y entonó:

Tus ojos me acariciaron una vez
tus brazos me rodean ahora...

Mas tarde nos revolcaremos juntos, de modo que no hagas grandes promesas.

Con sorprendente agilidad para un hombre de su corpulencia, Barber danzó un frenético paso de zuecos con cada una de las mujeres, mientras los parroquianos de la taberna batían palmas y gritaban. Dio vueltas e hizo girar rápidamente a las embelesadas mujeres, ya que bajo la grasa se ocultaban los músculos de un caballo de tiro. Rob se quedó dormido inmediatamente después de que Barber llevara a las mujeres a la mesa. Apenas reparó en que lo despertaban y que las mujeres lo sostenían mientras ayudaban a Barber a guiarlo trastabillando hasta el campamento.

Cuando despertó a la mañana siguiente, los tres yacían bajo el carro, enredados como enormes serpientes muertas.

Rob se interesaba cada vez mas por los pechos y se acercó para estudiar a las mujeres. La mas joven poseía un seno oscilante con gruesos pezones encajados en grandes areolas marrones pobladas de vello. La mayor era casi plana, con pequeñas tetas azuladas como las de una perra o las de una cerda.

Barber abrió un ojo y lo vio fijar en su memoria los cuerpos de las mujeres. Luego se levantó y palmeó a sus compañeras, que se mostraron enfadadas y soñolientas. Las despertó para que desocuparan el lecho y así poder guardarlo en el carro mientras Rob enganchaba el caballo. Dio de regalo a cada una una moneda y un frasco de Panacea Universal. Despreciados por una garza aleteante, el barbero y Rob salieron de Stratford en el mismo momento en que el sol teñía de rosa el río.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:17

LA CASA EN LA BAHIA DE LYME




Una mañana Rob intentó hacer sonar el cuerno y, en lugar de una bocanada de aire, se oyó el sonido completo. Poco después el aprendiz señalaba orgulloso sus avances cotidianos con esa llamada solitaria y retumbante. A medida que el verano tocaba a su fin y los días se tornaban cada vez mas cortos, pusieron rumbo al suroeste.

--Tengo una casita en Exmouth --le contó Barber--. Procuro pasar los viernes en la benigna costa porque el frío me desagrada.

Entregó a Rob una pelota marrón.

Los malabarismos con cuatro pelotas no eran de temer, porque ya sabia hacer juegos con dos pelotas en una mano y ahora lo intentaba con dos petas en cada mano. Practicaba constantemente, pero tenía prohibido hacer juegos mientras viajaban en el pescante, ya que solía fallar y Barber se hartaba de refrenar el caballo y esperar a que se apeara para recoger las pelotas.

A veces llegaban a un sitio donde los chicos de su edad chapoteaban en el río o reían y jugueteaban, y entonces sentía la nostalgia de la niñez. Sin embargo, ya era distinto a ellos. ¿Acaso habían luchado con un oso? ¿podían hacer juegos malabares con cuatro pelotas? ¿Sabían tocar el cuerno sajón?

En Glastonbury realizó juegos malabares en el cementerio de la aldea delante de un asombrado grupo de chiquillos, mientras Barber actuaba en la zona cercana y oía las risas y los aplausos del público. Barber fue tajante en la condena:

--No debes actuar a menos que te conviertas en un auténtico prestidigitador, cosa que puede ocurrir o no. ¿Lo has comprendido?

--Si, Barber.

Por fin llegaron a Exmouth una noche de finales de octubre. La casa, que se alzaba a pocos minutos a pie desde la orilla del mar, estaba desolada abandonada.

--había sido una granja con sus campos, pero la compré sin tierras y, por tanto, barata --explicó Barber--. La cuadra está en el antiguo henil y el carromato se guarda en el granero.

El cobertizo que fuera establo de la vaca del anterior propietario, servía ahora de leñera. La vivienda era poco mayor que la casa de la calle de los Carpinteros, de Londres, y como aquella tenía techo de paja, pero en lugar del agujero para la salida del humo contaba con una gran chimenea de piedra. Barber había colocado dentro de la chimenea unas llaves de hierro, un trípode, una pala, útiles de chimenea de gran tamaño, un caldero y un gancho para colgar carne. Junto a la chimenea se alzaba un horno y, muy cerca, un inmenso armazón de cama. En inviernos anteriores Barber había ido llevando enseres para hacer mas cómoda la casa. También había una artesa, una mesa, un banco, una quesera, varias jarras y unos pocos cestos.

En cuanto encendieron fuego en el hogar, recalentaron los restos de un jamón que los había alimentado toda la semana. La carne curada tenía un sabor fuerte y el pan estaba cubierto de moho. No era el tipo de comida digna de su maestro.

--Mañana nos aprovisionaremos --dijo Barber, taciturno.

Rob cogió las pelotas de madera y practicó lanzamientos cruzados bajo la luz parpadeante. Tuvo buena suerte, pero al final las pelotas rodaron por el suelo.

Barber extrajo una pelota amarilla de su bolsa y la arrojo para que quedara junto a las demás.

Roja, azul, marrón y verde. Y ahora, amarilla.

Rob pensó en los colores del arco iris y sintió que se hundía en la más negra desesperación. Se incorporó y miró a Barber. Supo que el hombre percibiría en sus ojos una resistencia que hasta entonces nunca se había manifestado, pero no pudo evitarlo.

--¿cuántas más?

Barber comprendió la pregunta y capto su desesperación.

--Ninguna. Es la ultima --respondió, sereno.

Trabajaron a fin de prepararse para el invierno. Aunque había leña suficiente, era necesario cortar más. También había que recoger leña fina, cortarla y apilarla cerca de la chimenea. La casa contaba con dos habitaciones, una para vivir y la otra para despensa. Barber sabía exactamente a donde tenía que dirigirse para conseguir las mejores provisiones. Compraron nabos, cebollas y un cesto de calabazas. En un huerto de Exeter adquirieron un tonel de manzanas de piel dorada y carne blanca y lo llevaron a casa en el carromato. Prepararon un barril de cerdo en salmuera. En una granja vecina disponían de sala para ahumar, así que compraron jamones y caballas y los hicieron ahumar a cambio de dinero. Los colgaron junto a un cuarto de cordero que también habían comprado. Allí, en lo alto, secándose, aguardaban la época en que los necesitarían. Acostumbrado a que la gente cazara y pescara furtivamente o produjera lo que comía, el campesino se asombró de que un hombre común comprara tanta carne.

Rob detestaba la pelota amarilla. Y la pelota amarilla fue su perdición.

De buen principio, hacer juegos malabares con cinco pelotas le parecía mal. Tenía que sostener tres pelotas con la mano derecha. En la izquierda apretaba la pelota más baja contra la palma de la mano con el anular y el meñique, mientras la de arriba quedaba encajada entre su pulgar, su índice y el dedo corazón. En la derecha, sostenía la pelota más baja del mismo modo, pero la de arriba quedaba encarcelada entre su pulgar y su índice y la del medio, encajaba entre el índice y el dedo corazón. Apenas podía sostenerlas para no hablar de lanzarlas.

Barber intento ayudarlo.

--Cuando haces malabarismos con cinco pelotas, muchas de las reglas que has aprendido ya no sirven. Ahora no puedes lanzar la pelota; tienes que echarla hacia arriba con las yemas de los dedos. A fin de tener tiempo suficiente para hacer malabarismos con las cinco, has de lanzarlas muy alto. Primero sueltas una pelota de la mano derecha. Inmediatamente, otra pelota debe abandonar tu mano izquierda, luego la derecha, de nuevo la izquierda después la derecha. ¡Lanza-lanza-lanza-lanza! ¡Debes hacerlo muy rápidamente!

Rob lo intentó y se encontró bajo una lluvia de pelotas. Sus manos procuraban asirlas, pero se desmoronaban a su alrededor y rodaban hasta las esquinas de la estancia. Barber sonrió y dijo:

--Este será tu trabajo del invierno.

El agua sabía amarga porque la fuente de atrás estaba atascada por una densa capa de hojas de roble en putrefacción. Rob encontró un rastrillo de madera en la cuadra y recogió grandes montones de hojas negras e impregnadas de agua. Apiló arena en una ribera cercana y roció la fuente con una gruesa capa. Cuando el agua turbia se asentó, volvió a ser potable.

El invierno, una estación extraña, llegó pronto. A Rob le gustaban los inviernos de verdad, con el suelo nevado. Ese año en Exmouth llovió la mitad de los días, y cada vez que nevaba los copos se derretían sobre la tierra húmeda. No había hielo salvo las diminutas agujas que encontró en el agua de la fuente. El viento marítimo siempre era frió y húmedo, y la casita formaba parte de la humedad general. Por la noche dormía en la gran cama, con Bar. Aunque el barbero se acostaba mas cerca del fuego de la chimenea, su corpulencia despedía bastante calor.

Llegó a odiar los malabarismos. Hizo esfuerzos desesperados por manipular las cinco pelotas, pero no llegó a recoger más de dos o tres. Cuando tenía dos pelotas e intentaba coger la tercera, la descendente solía golpear las que tenía en la mano y salía disparada.

Se dedicó a realizar cualquier tarea que le impidiera practicar los juegos malabares. Sacaba los excrementos nocturnos sin que nadie se lo pidiera y limpiaba el orinal de piedra cada vez que lo utilizaban. recogió mas leña de la necesaria, y constantemente llenaba la jarra de agua. Cepilló a Incitatus hasta que su piel gris relució, y trenzó sus crines. Revisó cada una de las manzanas del barril para entresacar la fruta podrida. Tenía la casa aún más limpia de lo que su madre la había tenido en Londres.

En la orilla de la bahía de Lyme contemplaba las olas blancas que azotaban la playa. El viento arreciaba en línea recta de la mar gris y agitada, tan frió y húmedo que le hacia llorar los ojos. Barber se dio cuenta de que temblaba y contrató a la costurera viuda Editha Lipton para que cortara una de sus viejas túnicas y cosiera una capa abrigada y unos pantalones ceñidos para Rob.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:17

El marido y los dos hijos de Editha se habían ahogado durante una tormenta que los sorprendió pescando. La viuda era una matrona fuerte, de rostro apacible y ojos tristes. Rápidamente se convirtió en la mujer de Barber. Cuando el barbero se quedaba con ella en la ciudad, Rob se tendía a solas en la gran cama junto al fuego y fingía que la casa le pertenecía. En una ocasión en que una tempestad con aguanieve logró colarse por las grietas, Editha pasó la noche allí. Desplazó a Rob al suelo, donde el mozo se aferró a una piedra caliente envuelta en un trapo, con los pies tapados con trozos de bucarán de la costurera. oyó su voz baja y suave:

--¿El chico no debería venir con nosotros, para estar abrigado?

--No --replicó Barber.

Un rato más tarde, mientras el hombre gruñón se balanceaba sobre ella, la viuda bajo la mano en la oscuridad y la posó en la cabeza de Rob, ligera como una bendición.

El chico se quedó quieto. Cuando Barber acabó con la mujer, esta ya había retirado la mano. A partir de entonces, cada vez que la viuda dormía en casa de Barber, Rob aguardaba en la oscuridad, en el suelo, junto a la cama, pero nunca volvió a tocarlo.

--No has avanzado nada --se quejó Barber--. Presta atención. Mi aprendiz debe servir para entretener al público. Mi ayudante debe ser malabarista.

--¿No puedo hacer malabarismos con cuatro pelotas?

--Un prestidigitador excepcional puede mantener siete pelotas en el aire. Conozco a varios que manipulan seis. Me basta con un prestidigitador corriente y moliente. Pero si no consigues manipular cinco pelotas, pronto tendré que desprenderme de ti. --Barber suspiro--. He tenido muchos chicos y, de todos, solo tres eran dignos de conservarse. El primero fue Evan Carey, que aprendió a hacer maravillosos juegos malabares con cinco pelotas, pero tenía debilidad por el alcohol. Estuvo conmigo cuatro prósperos años después de su aprendizaje, hasta que murió de una cuchillada en una reyerta de borrachos en Leicester. Un final digno de un imbécil.

-El segundo fue Jason Earle. Era inteligente y el mejor malabarista de todos. Aprendió mi oficio de barbero, pero se casó con la hija del magistrado de Portsmouth y permitió que su suegro lo convirtiera en un ladrón como Dios manda y en recaudador de sobornos.

-Gibby Nelson, el penúltimo chico, era maravilloso. Fue mi puñetera comida y bebida hasta que cogió las fiebres en York y murió. --Frunció el ceño--. El condenado y último chico era un imbécil. Hacía lo mismo que tu:

podía realizar juegos malabares con cuatro pelotas, pero no logró cogerle el gusto a la quinta y me lo quité de encima en Londres poco antes de encontrarte a ti.

Se contemplaron con tristeza.

--Óyeme bien: tu no eres imbécil. Eres un mozuelo prometedor, con el que es fácil convivir, y rápido a la hora de cumplir las faenas. Sin embargo, conseguí el caballo y los arreos, ni esta casa, ni la carne que cuelga de los tejos enseñando mi oficio a chicos que no me sirven. En primavera serás prestidigitador o tendré que dejarte en alguna parte. ¿Lo entiendes?

--Si, Barber.

El cirujano barbero le enseñó algunas cosas. Le pidió que hiciera juegos malabares con tres manzanas, y los rabos puntiagudos le hirieron las manos. cogió suavemente, aflojando en cada intento su apretón.

--¿Lo has visto? --preguntó Barber--. En virtud de la ligera diferencia, la manzana que ya sostienes en la mano evita que la segunda manzana rebote fuera de tu alcance.--Rob descubrió que funcionaba tanto con manzanas como con pelotas--. Vas progresando --comentó Barber esperanzado-.

Las Navidades llegaron mientras estaban ocupados con otras cosas.

Editha los invitó a que la acompañaran a la iglesia, y Barber soltó un bufido.

--Entonces, ¿somos una condenada familia?

-De todos modos, el barbero no opuso resistencia cuando la viuda preguntó si podía llevar al chiquillo.

-La pequeña iglesia campestre de zarzo y argamasa barata estaba atiborrada y, por tanto, mas cálida que el resto del desolado Exmouth. Desde Londres Rob no había pisado una iglesia, y respiró nostálgico el olor a incienso y a humanidad entregándose a la misa, un refugio conocido.

Después, el sacerdote, al que le costó trabajo entender por su acento de Dartjor, habló del nacimiento del Salvador y de la bendita vida humana que llegó a su fin cuando los judíos lo mataron; también se refirió extensamente a Lucifer, el ángel caído con el que Jesús lucha eternamente en defensa de nosotros. Rob intentó elegir un santo al que dedicarle una oración especial, pero acabó dirigiéndose al alma más pura que su mente era capaz de imaginar. ""Por favor, mamá, cuida de los demás. Yo estoy bien y te suplico me ayudes a cuidar a tus hijos más pequeños.--No pudo abstenerse de añadir una cuestión personal--: Mamá, te ruego que me ayudes a hacer juegos malabares con cinco pelotas."

-Al salir de la iglesia se dirigieron directamente a la casa y comieron la oca que Barber hacia horas había puesto en el espetón, rellena con ciruelas y cebollas.

--Si uno toma oca en Navidad, recibirá dinero todo el año --aseguró Barber.

Editha sonrió.

--Siempre oí decir que para recibir dinero tienes que comer oca el día de San Miguel --intervino, pero no discutió cuando Barber insistió en que era en Navidad.

-El barbero fue generoso con los licores y compartieron una alegre comida.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:17

-Editha no podía pasar la noche en casa de Barber, tal vez porque el día del nacimiento de Cristo sus pensamientos estaban con sus difuntos esposo e hijos, del mismo modo que los de Rob andaban por otros derroteros.

Cuando ella se fue, Barber observó como Rob recogía la mesa.

--No debo encariñarme demasiado con Editha --concluyó Barber--. Al fin y al cabo, solo es una mujer y pronto la dejaremos.

El sol jamás brillaba. Ya habían transcurrido tres semanas del nuevo año y la grisura invariable de los cielos afecto sus espíritus. Barber se dedicó a apremiarlo y a insistir en que continuara las practicas por muy lamentables que fueran sus repetidos fracasos.

--No recuerdas lo que ocurrió cuando intentaste hacer malabarismos con tres pelotas? Primero no podías y, de repente, fuiste capaz. Lo mismo ocurrió a la hora de soplar el cuerno sajón. Debes concederte hasta la ultima oportunidad de hacer juegos malabares con cinco.

Por muchas horas que dedicara a la práctica, el resultado era siempre el mismo. Acabó por abordar torpemente la tarea, convencido de que fracasaría incluso antes de empezar.

Rob supo que llegaría la primavera y que no sería prestidigitador.

Una noche soñó que Editha volvía a tocarle la cabeza, abría sus muslos generosos y le mostraba el sexo. Al despertar no podía recordar cual era su aspecto, pero durante el sueño le ocurrió algo extraño y aterrador. En cuanto Barber salió de la casa limpió la suciedad de las pieles y la frotó con ceniza húmeda. No era tan necio para creer que Editha esperaría a que se hiciera hombre y se casaría con el, pero pensó que la situación de la viuda mejoraría si ganaba un hijo.

--Barber se irá --le dijo una mañana mientras ella lo ayudaba a acarrear leña--. ¿No puedo quedarme en Exmouth y vivir contigo?

Algo duro se apodero de los ojos de la viuda, que no desvió la mirada.

--No puedo mantenerte. Para mantenerme viva solo a mi misma, tengo que ser medio cocinera y medio prostituta. Si te tuviera a ti, debería entregarme a cualquier hombre.

Un leño cayó de la pila que sostenía entre los brazos. Aguardo a que Rob lo recogiera, dio media vuelta y entró en la casa.

A partir de entonces la viuda apareció con menos frecuencia y apenas le dirigió la palabra. Al final dejó de visitarlos. Quizás Barber estaba menos interesado en los placeres, ya que se tornó mas irritable.

--¡Bobo! --gritó cuando Rob J. dejó caer las pelotas por enésima vez--.

Esta vez solo utilizarás tres pelotas pero las lanzarás alto, como harías si tuvieras cinco. Cuando la tercera pelota esté en el aire, bate palmas.

Rob obedeció y después del golpe aun tuvo tiempo para recoger las tres pelotas.

--¿Has visto? --preguntó Barber, satisfecho--. En el tiempo que dedicaste a batir palmas, habrías podido echar al aire las otras dos pelotas.

Cuando lo intentó, las cinco pelotas chocaron en el aire y una vez más volvió a reinar el caos, las maldiciones del barbero y las pelotas rodaron por todas partes.

De repente, solo faltaban unas pocas semanas para la primavera.

Una noche, convencido de que Rob estaba dormido, Barber se acercó al chico y acomodó las pieles para que estuviera abrigado. Se inclinó sobre la cama y miró largo rato a Rob. Luego suspiró y se alejó.

Por la mañana Barber, sacó una fusta del carromato.

--No te concentras en lo que haces --dijo.

Rob nunca lo había visto azotar al caballo, pero cuando se le cayeron las pelotas la fusta silbó y le hirió las piernas.

Dolía mucho. Gritó y se puso a sollozar.

--Recoge las pelotas.

Las recuperó y volvió a lanzarlas con el mismo resultado lamentable. La fusta le laceró las piernas.

Aunque su padre lo había golpeado en infinitas ocasiones, jamás empleó fusta.

Recobró una y otra vez las cinco pelotas e intentó hacer malabarismos y no lo logró. Cada vez que fallaba, la fusta azotaba sus piernas y lo hacía gritar de dolor.

--Recoge las pelotas.

--¡Por favor, Barber!

El rostro del hombre era severo.

--Es por tu propio bien. Usa la cabeza. Piensa.

Aunque el día era frío, Rob sudaba a raudales. El dolor lo empujó a concentrarse en lo que hacia, pero temblaba, presa de frenéticos sollozos, y sus músculos parecían pertenecer a otra persona. Lo hizo peor que nunca.

Se irguió tembloroso, con el rostro surcado de lágrimas y los mocos resbalando hasta su boca mientras Barber lo vapuleaba. “Soy un romano --se dijo--. Cuando sea adulto, buscaré a este hombre y lo matare.”

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:18

Barber lo golpeó hasta que la sangre empaño las perneras de los pantalones nuevos que Editha había cosido. Entonces soltó la fusta y abandonó la Casa con paso decidido.

Aquella noche el cirujano barbero regresó tarde y, borracho como una cuba, se dejó caer en la cama.

Al despertar por la mañana, su mirada era serena, pero apretó los labios al ver las piernas de Rob. Calentó agua y, con ayuda de un trapo, limpió la sangre seca. Fue a buscar un tarro de grasa de oso y dijo:

--Frótala bien.

La certeza de que había perdido la oportunidad, hería a Rob más que los cortes y los verdugones.

Barber consultó sus mapas.

--Partiré el Jueves Santo y te llevaré a Bristol. Es un puerto próspero y tal vez allí encuentres colocación.

--Si, Barber --respondió en voz baja.

Barber dedicó largo rato a preparar el desayuno, y cuando lo tuvo listo repartió generosamente gachas, tostadas con queso y huevos con tocino.

--come, come --dijo roncamente.

Se quedó mirando a Rob, que comía a regañadientes.

--Lo lamento --añadió el barbero--. Yo mismo fui un trotamundos y sé que la vida puede resultar dura.

Durante el resto de la mañana, Barber solo le dirigió la palabra una vez para decir:

--Puedes quedarte con el traje.

Guardaron las pelotas de colores y Rob ya no practicó. Faltaban casi dos semanas para el Jueves Santo, y Barber lo hizo trabajar mucho, encargándole que fregara los suelos astillosos de ambas estancias. En primavera, mamá también lavaba las paredes de casa, así que ahora Rob hizo lo propio. Aunque en aquella casa había menos humos que en la de mamá, tuvo la sospecha de que las paredes jamás fueron lavadas, y al concluir, la diferencia era bien visible.

Una tarde el sol reapareció mágicamente, volviendo el mar azul y brillante y suavizando el aire salobre. Por primera vez Rob entendió los motivos por los cuales algunas personas preferían vivir en Exmouth. En el bosque detrás de la casa, pequeñas cosas verdes se movían entre el moho de las hojas húmedas. Lleno una perola de brotes de espárragos e hirvieron las primeras verduras con tocino entreverado. Los pescadores se habían internado en la mar serena, y Barber salió al encuentro de una embarcación que regresaba. Compró un horrible bacalao y media docena de cabezas de pescado.

Encomendó a Rob que cortara cuadrados de cerdo salado y derritió lentamente la carne grasa en la sartén hasta que quedó crujiente. A continuación, preparó una sopa mezclando carne y pescado, rodajas de nabo, grasa derretida, buena leche y un ramillete de tomillo. La disfrutaron en silencio, acompañada de pan tostado y caliente, sabiendo que muy pronto Rob ya no comería tan bien.

Parte del cordero colgado se había puesto verde, de modo que Barber cortó la parte estropeada y la llevó al bosque. Del tonel de manzanas emanaba un hedor espantoso, ya que solo se conservaba una parte de la fruta originalmente almacenada. Rob inclinó el tonel y lo vació, estudiando cada reineta y separando las sanas.

Las manzanas eran sólidas y fuertes al tacto.

Recordó que Barber le había dado manzanas para que aprendiera a cogerlas suavemente y lanzo tres: "¡Va-va-va!”

Las cogió. Volvió a lanzarlas a gran altura y batió palmas antes de que descendieran.

Seleccionó otras dos manzanas y lanzó las cinco al aire, pero..., ¡sorpresa!, chocaron y cayeron al suelo, donde quedaron algo ablandadas. Rob quedó paralizado, pues no sabía donde estaba Barber, que seguramente volvería a azotarlo si lo pescaba desperdiciando comida.

En la habitación contigua no sonó ninguna protesta.

Se dedicó a guardar las manzanas sanas en el tonel. El intento no estuvo tan mal, se dijo; parecía que esta vez había calculado mejor los tiempos.

Escogió otras cinco manzanas del tamaño adecuado y las lanzó al aire.

Aunque esta vez estuvo a punto de funcionar, le fallaron los nervios y la fruta cayó en picado como arrancada del árbol por un vendaval de otoño.

Recobró las manzanas y volvió a lanzarlas. Recorrió toda la estancia y fue algo espasmódico en lugar de agradable y hermoso, pero ahora los cinco objetos subían y bajaban en sus manos y volvían a subir por los aires como si solo fueran tres.

Arriba y abajo y arriba y abajo. Una y otra vez.

"Oh, mama” --murmuró emocionado, si bien años después discutiría consigo mismo si su madre había tenido algo que ver.

"¡Va-va-va-va-va!”

--Barber --lo llamó en voz alta, temeroso de gritar.

Se abrió la puerta. Segundos después, perdió el equilibrio y las manzanas rodaron por todas partes.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:18

Al alzar la mirada se encogió porque Barber corría hacia el con una mano en alto.

--¡Lo he visto! --exclamó Barber, y Rob se vio envuelto en un gozoso abrazo que no tenía nada que envidiar a los mejores intentos del oso Bartram.

EL ARTISTA




El Jueves Santo llegó y pasó, y continuaron en Exmouth, ya que Rob tenía que aprender todas las facetas del espectáculo. Practicaron juegos malabares a dúo, actividad que disfrutó desde el principio y que pronto llegó a dominar extremadamente bien. Luego se concentraron en los juegos de manos magia tan difícil como la prestidigitación con cuatro pelotas.

--El demonio no influye en los magos --dijo Barber--. La magia es un arte humano que ha de dominarse del mismo modo que conquistaste la prestidigitación. Pero es mucho mas fácil --se apresuró a añadir al ver la expresión de Rob.

Barber le transmitió los sencillos secretos de la magia blanca.

--Debes tener un espíritu intrépido y audaz y mostrar expresión decidida en todo lo que haces. Necesitas dedos ágiles y un modo de trabajar limpio, y debes ocultarte detrás de la cháchara, empleando palabras exóticas para adornar tus actos.

“La ultima regla es, como mucho, la más importante. Debes contar con artilugios, gestos del cuerpo y otras distracciones que llevan a los espectadores a mirar a cualquier parte menos a aquello que realmente estás haciendo.

La mejor desviación de que disponían eran ellos mismos, explicó Barber, y lo demostró con el truco de las cintas.

--Para este juego de manos necesito cintas de color azul, rojo, negro amarillo, verde y marrón. Al final de cada yarda hago un nudo corredizo y luego enrollo apretadamente la cinta anudada, preparando pequeños rollos que distribuyo por mi vestimenta. El mismo color siempre se guarda en el mismo bolsillo.

“¿Quién quiere una cinta?", preguntó.

"¡Oh, señor, yo! Una cinta azul de dos yardas de largo." Rara vez las quieren mas largas. Al fin y al cabo, no usan cintas para atar a la vaca.

“Finjo olvidarme de la petición y me ocupo de otros asuntos. En ese momento, tu creas un punto de atención, por ejemplo haciendo juegos malabares. Mientras están concentrados en ti, me llevo la mano al bolsillo izquierdo de la túnica, donde siempre guardo la cinta azul. Creo la sensación de que me tapo la boca para toser y el rollo de cinta acaba en mi boca. Segundos más tarde, cuando he recuperado la atención del público, asomo la punta de la cinta entre los labios y la extraigo poco a poco. El primer nudo se deshace en cuanto toca mis dientes. Cuando aparece el segundo nudo, se que tengo dos metros, así que corto la cinta y la entrego.

A Rob le entusiasmó aprender el truco, aunque se sintió defraudado por la manipulación, engañado por la magia.

Barber siguió desilusionándolo. Poco tiempo después, aunque aun no daba la talla como mago, prestaba grandes servicios como ayudante del mago. Aprendió pequeños bailes, himnos y canciones, chistes y anécdotas que no entendía. Por fin logró cotorrear los discursos que acompañaban la venta de la Panacea Universal. Barber le aseguró que aprendía con rapidez.

Mucho antes de que el chico lo considerara posible, el cirujano barbero declaró que ya estaba preparado.

Partieron una brumosa mañana de abril, y durante dos días atravesaron los montes Blackdown, bajo una tenue llovizna primaveral. La tercera tarde, bajo un cielo diáfano y renovado, llegaron a la aldea de Bridgeton. Barber frenó el caballo junto al puente que daba nombre a la población y estudio a su ayudante.

--Entonces, ¿estás preparado?

Rob no estaba muy seguro, pero asintió.

--Eres un buen chico. No es una gran ciudad: putañeros y furcias, una taberna siempre llena y muchos clientes que llegan de todas partes para joder y beber. De manera que todo vale, ¿entiendes?

Aunque Rob no tenía la menor idea de a qué se refería su maestro, volvió a asentir. Incitatus respondió a la tensión de las riendas y cruzó el puente al trote de paseo. Al principio todo fue como antes. El caballo hizo sus cabriolas y Rob tocó el tambor mientras desfilaban por la calle principal. Montó la tarima en la plaza de la aldea y apoyó en esta tres cestos de astillas de roble llenos de panacea.

Esta vez, cuando comenzó el espectáculo, subió a la tarima con Barber.

--Buen día y mejor mañana --saludó Barber. Ambos hacían juegos malabares con dos pelotas--. Nos alegra estar en Bridgeton.

Simultáneamente, cada uno extrajo la tercera pelota del bolsillo, luego la cuarta y, por último, la quinta. Las de Rob eran rojas y las de Barber, azules.

Ascendían desde sus manos por el centro y caían en cascada por afuera como el agua de dos fuentes. Aunque solo movían unos centímetros las manos, lograron que las pelotas de madera bailaran.

Al rato se volvieron y quedaron frente a frente en los extremos de la tarima mientras continuaban los malabarismos. Sin perder el ritmo, Rob le envió una pelota a Barber y recogió la azul que le fue lanzada. Primero enviaba una de cada tres pelotas a Barber y recibía una de cada tres. Después una si y otra no, en un constante torrente en dos sentidos de proyectiles rojos y azules. Tras un gesto casi imperceptible de Barber, cada vez que una pelota llegaba a la mano derecha de Rob, este la devolvía con fuerza y velocidad, recobrando con la misma destreza con que lanzaba.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:19

Fueron los aplausos más ruidosos y acogedores que oyó en su vida.

Al terminar, recogió diez de las doce pelotas y abandonó la escena, refugiándose detrás de la cortina del carromato. Necesitaba aire, y su corazón palpitaba enérgicamente. Oyó que Barber, que no estaba sin resuello, se refería a las alegrías de los juegos malabares mientras lanzaba dos pelotas.

--Señora, ¿sabéis que tiene uno cuando en la mano sostiene objetos como estos?

--¿Que se tiene, señor? --preguntó una perendeca.

--Vuestra atención absoluta y total --respondió Barber.

La deleitada concurrencia silbo y grito.

Dentro del carromato, Rob preparó los elementos para varios trucos de magia y se reunió con Barber, que a renglón seguido logró que una cesta vacía se llenara de rosas de papel, convirtió un oscuro pañuelo en una serie de banderas de colores, recogió monedas del aire e hizo desaparecer primero una jarra de cerveza y en seguida un huevo de gallina.

Rob entonó Los galanteos de la viuda rica en medio de silbidos de regocijo, y Barber vendió rápidamente su Panacea Universal, vaciando los tres cestos y enviando a Rob al carromato en busca de más frascos. A continuación, una larga hilera de pacientes esperaron para ser tratados de diversos achaques, y Rob notó que aunque el gentío suelto tenía la risa y la broma rápidas, se ponía extremadamente serio cuando se trataba de buscar cura a las enfermedades de sus cuerpos.

Acabada la asistencia, abandonaron Bridgeton porque Barber dijo que era un pozo en el que después de la caída del sol se cortaban pescuezos. El maestro estaba sumamente satisfecho con los ingresos, y esa noche Rob se durmió feliz de saber que se había asegurado un lugar en el mundo.

Al día siguiente, en Yeoville, se sintió mortificado cuando, durante el espectáculo, se le cayeron tres pelotas, pero Barber lo reconfortó:

--Al principio suele ocurrir de vez en cuando. Te pasara cada vez con menos frecuencia y, al final, nunca.

Esa misma semana, en Taunton, una ciudad de comerciantes laboriosos, y en Bridgwater, habitada por campesinos conservadores, presentaron su espectáculo sin indecencias. Glastonbury fue la siguiente parada. Se trataba de un lugar habitado por gentes beatas que habían construido sus hogares en torno a la enorme y hermosa iglesia de San Miguel.

--Tenemos que ser discretos --aconsejó Barber--. Glastonbury esta en manos de sacerdotes y estos miran con desdén todo tipo de práctica médica, porque creen que Dios les ha encomendado no solo la cura de almas, sino también de los cuerpos.

Llegaron la mañana siguiente al domingo de Pentecostés, día que señalaba el final de la gozosa temporada de pascua y conmemoraba la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, fortaleciéndolos tras los nueve días de oración posteriores a la ascensión de Jesús al Cielo.

Rob vio entre los espectadores a no menos de cinco curas con cara de pocos amigos.

Barber y el hicieron juegos malabares con pelotas rojas que, con tono solemne, el cirujano barbero comparó con las lenguas de fuego que representaban el Espíritu Santo en los Hechos 2:3. Los asistentes se mostraron encantados con la prestidigitación y aplaudieron vigorosamente, pero guardaron silencio cuando Rob entonó Pura gloría, alabanzas y honor. Siempre le había gustado cantar. Aunque se le quebró la voz en la estrofa sobre los niños que hacían “sonar dulces hosannas” y le tembló en las notas muy agudas, lo hizo bien en cuanto sus piernas cesaron de estremecerse.

Barber extrajo reliquias sagradas de un destartalado baúl de fresno.

--Prestad atención, queridos amigos --dijo con lo que, según explicó mas tarde a Rob, era su voz de monje.

Les mostró tierra y arena traídas a Inglaterra desde los montes Sinaí y de los Olivos; exhibió una astilla de la Vera Cruz y un trozo de la viga que había sustentado el sagrado pesebre; mostró agua del Jordán, un terrón de tierra de Getsemaní y restos de huesos que pertenecían a innumerables santos.

En seguida Rob lo reemplazó en la tarima y se quedó solo. Elevó la mirada al cielo, tal como le había indicado Barber, y entonó otro himno:

Creador de las estrellas de la noche, luz eterna de tu pueblo, Jesús, Redentor, sálvanos a todos, y oye la llamada de tus siervos.

Tu, dolido de que la antigua maldición condene a muerte un universo, has encontrado la medicina, llena de gracia, para salvar y curar una raza asolada.

Los congregados se emocionaron. Mientras aun suspiraban, Barber les mostró un frasco de la Panacea Universal.

--Amigos míos, del mismo modo que el Señor ha encontrado solaz para vuestro espíritu, yo he hallado la medicina para vuestro cuerpo.

Les contó la historia de vitalia, la hierba de la vida, que al parecer funcionaba igualmente bien para beatos y pecadores, ya que compraron vorazmente la Panacea e hicieron cola junto al biombo del cirujano barbero para consultas y tratamientos. Los atentos sacerdotes miraban furibundos, pero ya habían sido aplacados con regalos y apaciguados por el alarde religioso. Solo un clérigo viejecito planteo objeciones.

--No harás sangrías --ordenó severamente--. El arzobispo Teodoro ha escrito que resulta peligroso practicarlas cuando aumentan la luz de la luna y el influjo de las mareas.

Barber accedió prestamente a su petición.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:19

Esa noche acamparon dominados por el júbilo. Barber hirvió en vino trozos de ternera de un tamaño digno de llevarse a la boca, hasta que quedaron blandos; añadió cebolla, un viejo nabo arrugado pero sano y judías y guisantes tiernos, condimentando el guiso con tomillo y una pizca de menta.

Aún quedaba un triángulo de un extraordinario queso de color claro comprado en Bridgwater, y después el cirujano barbero se sentó junto a la hoguera y, con gran satisfacción, contó el contenido de su caja.

Tal vez había llegado el momento de abordar un tema que pesaba constantemente en el espíritu de Rob.

--Barber --dijo.

--¿Hmmm?

--Barber, ¿cuando iremos a Londres?

Concentrado en apilar las monedas, Barber lo apartó con un ademán, ya que no quería equivocarse en las cuentas.

--Más tarde --murmuró--. Dentro de un tiempo.

En Kingswood se le escaparon cuatro pelotas a Rob. Dejó caer otra en Langotsfield, pero esa fue la ultima vez, y después de que mediado junio ofrecieran diversión y tratamiento a los aldeanos de Redditch, ya no pasó varias horas diarias practicando malabarismos, pues los frecuentes espectáculos mantenían ágiles sus dedos y encendido su sentido del ritmo. Rápidamente se convirtió en un prestidigitador seguro de sí mismo. Sospechaba que con el tiempo aprendería a manipular seis pelotas, pero Barber no quiso saber nada de eso y prefirió que empleara el tiempo en ayudarle en el oficio de cirujano barbero.

Como aves migratorias viajaron hacia el Norte, pero en lugar de volar dirigieron lentamente sus pasos a través de las montañas que se alzan entre Inglaterra y Gales. Se encontraban en la población de Abergavenny, una hilera e casas destartaladas apoyadas en la ladera de una tétrica arista, cuando ayudó por primera vez a Barber en los reconocimientos y tratamientos.

Rob J. estaba asustado. Se temía a sí mismo más de lo que le habían aterrorizado las pelotas de madera.

Los motivos por los que las personas sufrían eran realmente un misterio.

parecía imposible que un simple mortal comprendiera y ofreciera milagros provechosos. Sabía que, puesto que era capaz de hacerlo, Barber era el hombre más listo de cuantos había conocido.

La gente formó cola delante del biombo, y Rob los acompañaba de uno a uno en cuanto Barber acababa con el paciente anterior, guiándolos hasta la relativa intimidad que proporcionaba la delgada barrera. El primer hombre al que Rob acompañó hasta su maestro era corpulento y encorvado, con restos de mugre en el cuello y adherida a los nudillos y bajo las uñas.

--No te vendría nada mal un baño --sugirió Barber sin perder la amabilidad.

--Veras: es por culpa del carbón --dijo el hombre--. El polvo se pega al extraerlo.

--¿Sacas carbón? --preguntó Barber--. Por lo que he oído, quemarlo es venenoso. He comprobado directamente que produce mal olor y un humo denso que no sale fácilmente por el agujero del techo. ¿Es posible ganarse la vida con una materia tan pobre?

--Lo es, señor, y nosotros somos pobres. Últimamente siento dolores en las articulaciones, que se me hinchan, y al cavar me duelen.

Barber tocó las muñecas y los dedos mugrientos y apoyó la regordeta yema de un dedo en la hinchazón del codo.

--Procede de inhalar los humores de la tierra. Debes ponerte al sol siempre que puedas. Lávate a menudo con agua tibia, pero no caliente, ya que los baños calientes provocan la debilidad del corazón y de los miembros. Frótate las articulaciones hinchadas y doloridas con mi Panacea Universal, que también te resultará beneficiosa si la bebes.

Le cobró seis peniques por tres frascos pequeños y dos más por la consulta, pero no miró a Rob.

Se presentó una mujer fornida y de labios apretados con su hija de trece años, prometida en matrimonio.

--Su flujo mensual se ha detenido dentro de su cuerpo y nunca lo expulsa --dijo la madre.

Barber le preguntó si había tenido el menstruo alguna vez.

--Durante más de un año llegaba todos los meses --respondió la madre--. Pero desde hace cinco meses no pasa nada.

--¿Has yacido con un hombre?--preguntó amablemente Barber a la joven.

--No --respondió la madre.

Barber miró a la muchacha. Era esbelta y atractiva, de larga cabellera rubia y ojos vivarachos.

--¿Tienes vómitos?

--No --susurró la joven.

El barbero la estudió, estiró la mano y le tensó la túnica. Cogió la palma de la mano de la madre y la apretó contra el vientre pequeño y redondo.

--No --repitió la chica.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:19

Meneo la cabeza. Sus mejillas se encendieron y se deshizo en un mar de lágrimas. La mano de la madre abandonó el vientre y la abofeteó. Aunque la mujer se llevó a la hija sin pagar, Barber las dejo partir.

En rápida sucesión, trató a un hombre al que ocho años atrás le habían encajado mal la pierna y arrastraba el pie izquierdo al andar; a una mujer acosada por dolores de cabeza; a un hombre con sarna en el cuero cabelludo; y a una chica estúpida y sonriente, con una espantosa llaga en el pecho. Les contó que había rogado a Dios para que a su población llegara un cirujano barbero. Barber vendió la Panacea Universal a todos salvo al sarnoso, que no la adquirió pese a que le fue firmemente recomendada y no tenía los dos peniques.

Se internaron por las colinas mas benignas de los Midlands occidentales.

En las afueras del pueblo de Hereford, Incitatus tuvo que esperar junto al río Wye mientras las ovejas cruzaban el vado, un torrente aparentemente infinito de lanas que balaban y que intimidaron profundamente a Rob. Le habría gustado sentirse más cómodo con los animales, pero, a pesar de que su madre procedía del campo, el era un chico de ciudad. Tatus era el único caballo que había tratado. Un vecino lejano de la calle de los Carpinteros tuvo una vaca lechera, pero ninguno de los Cole había pasado mucho tiempo junto a las ovejas.

Hereford era una comunidad próspera. Todas las casas de labranza por las que pasaron contaban con revolcaderos para cerdos y prados verdes y ondulantes salpicados de ganado vacuno y lanar. Las casas de piedra y los graneros eran grandes y sólidos y, en un sentido general, la gente se mostraba más animada que los serranos galeses, agobiados por la pobreza, que se encontraban a pocos días de distancia. En el ejido de la población, su espectáculo atrajo a una voluminosa multitud y las ventas se sucedieron rápidas.

El primer paciente que Barber recibió detrás del biombo tenía aproximadamente la edad de Rob, aunque era mucho mas pequeño.

--Se cayó del tejado hace menos de seis días y mire como está --dijo el padre del chiquillo, un tonelero.

La duela astillada de un tonel que estaba en el suelo le había atravesado a palma de la mano izquierda y ahora la carne estaba inflamada como un leño hinchado.

Barber indicó a Rob cómo sujetar las manos del muchacho y al padre el modo de cogerlo por las piernas. Luego sacó de su maletín un cuchillo corto y afilado.

--Sujetadlo con firmeza --pidió.

Rob notó que le temblaban las manos. El chiquillo gritó cuando su carne se abrió al contacto con la hoja. Salió un chorro de pus amarillo verdoso, seguido de hedor y de una sustancia roja. Barber limpió con un tapón la corrupción de la herida y se dedicó a tantearla con delicada eficacia, utilizando una pinza de hierro para extraer minúsculas astillas.

--Son fragmentos de la pieza que lo hirió, ¿los ves? --preguntó al padre y se los enseñó.

El muchacho gimió. Rob estaba mareado, pero se dominó mientras Barber seguía trabajando lenta y esmeradamente.

--Tenemos que extraerlas todas, pues contienen humores culpables que volverán a gangrenar la mano --explicó.

Cuando llegó a la conclusión de que la herida estaba libre de astillas, la limpió con un chorro de medicina y la cubrió con un trapo. Bebió lo que quedaba en el frasco. El sollozante paciente se retiró, feliz de abandonarlos mientras su padre pagaba.

A continuación esperaba un anciano encorvado, de tos seca. Rob lo acompaño detrás del biombo.

--¡Oh, señor, tengo mucha flema matinal!

Jadeaba al hablar. Barber pasó pensativamente la mano por el pecho --De acuerdo; te aplicaré ventosas. --Miró a Rob--. Ayúdalo a desvestirse para que pueda aplicarle las ventosas en el pecho.

Rob retiró primorosamente la camisa del cuerpo del anciano, que tenía un aspecto muy frágil. Cuando giró al paciente hacia el barbero y cirujano tuvo que cogerle las dos manos.

Fue como sujetar un par de pajarillos temblorosos. Los dedos como palillos se posaron en los suyos y de ellos recibió un mensaje.

Barber los miró y vio que su ayudante se ponía rígido.

--Venga ya --dijo impaciente--. No podemos tardar todo el día.

Pareció que Rob no lo oía.

Ya en dos ocasiones Rob había percibido esa conciencia extraña y desagradable que se colaba en su propio ser procedente del cuerpo de otro. Al igual que en las ocasiones anteriores, ahora se sintió abrumado por un terror absoluto, soltó las manos del paciente y huyó.

Lanzando maldiciones, Barber buscó a su aprendiz hasta que lo encontró agazapado detrás de un árbol.

--Quiero una explicación. ¡Y ahora mismo!

--El... el anciano va a morir.

Barber lo miro.

--¿Que significa eso?

Su aprendiz estaba llorando.

--Para de una vez --exigió Barber--. Como lo sabes?

Rob intentó hablar, pero no pudo. Barber lo abofeteó y el chico quedó boquiabierto. Cuando empezó a hablar las palabras manaron como un torrente, pues habían deambulado por su mente incluso desde antes de que dejaran Londres. Explicó que había presentido la muerte inminente de su madre y que se había producido. Después supo que su padre se iría y su padre había muerto.

--¡Oh, Jesús mío! --murmuró Barber asqueado, pero le prestó toda su atención y no dejó de observar a Rob--. ¿Me estas diciendo que realmente percibiste la muerte en el anciano?

--Si.

No esperaba que su maestro le creyera.

--¿Cuando?

Rob J. se encogió de hombros.

--¿Pronto?

Asintió con la cabeza. Desesperado, solo podía responder la verdad.

Vio en los ojos de Barber el reconocimiento de que estaba diciendo la verdad.

Barber titubeó, y luego tomó una decisión.

--Prepara el carro mientras me quito de encima a la gente --dijo.

Abandonaron lentamente la aldea, pero, en cuanto estuvieron más allá de la vista de los lugareños, se alejaron a toda prisa por el carril pedregoso

Incitatus vadeo el río con un ruidoso chapoteo y, una vez del otro lado, espantó a las ovejas, cuyos asustados balidos estuvieron a punto de anular las quejas del pastor agraviado.

Por primera vez Rob vio que Barber azuzaba al caballo con la fusta.

--¿Por que corremos? --preguntó, sin dejar de sujetarse.

--¿Sabes lo que les hacen a los brujos?

Barber tuvo que gritar para hacerse oír en medio del tamborileo de los cascos y el estrépito de las cosas que viajaban en el carromato.

Rob meneó la cabeza.

--Los cuelgan de un árbol o de una cruz. A veces sumergen a los sospechosos en tu condenado Támesis, y si se ahogan los declaran inocentes. Si el viejo muere, dirán que ha fallecido porque somos brujos --vociferó, golpeando una y otra vez con la fusa el lomo del aterrado Tatus.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:20

No se detuvieron para comer ni para hacer sus necesidades. Cuando permitieron que Tatus aminorara el paso, Hereford ya estaba muy lejos, pero apremiaron a la pobre bestia hasta que cayó la noche. Agotados, acamparon y tomaron en silencio una pobre comida.

--cuéntamelo de nuevo --pidió Barber al final--. No excluyas ni un solo comentario.

Escuchó con suma atención, y solo interrumpió una vez a Rob para pedirle que hablara más alto. Cuando conoció la historia completa, asintió con a cabeza y dijo:

--Durante mi propio aprendizaje, vi cómo mi maestro era injustamente asesinado por brujo. --Rob lo miró fijamente, demasiado asustado para hacer preguntas--. A lo largo de mi vida, en varias ocasiones los pacientes han muerto mientras los trataba. Una vez, en Durham, una vieja falleció y llegué la conclusión de que un tribunal eclesiástico ordenaría el tormento por inmersión o por el asimiento de una barra de hierro candente. Solo me permitieron partir después del interrogatorio más receloso que quepa imaginar, el ayuno y las limosnas. En otra ocasión, en Eddisbury, un hombre murió mientras estaba detrás de mi biombo. Era joven y aparentemente había gozado de buena salud. Los alborotadores habrían encontrado el terreno abonado, pero tuve suerte y nadie me cortó el paso cuando abandoné el pueblo.

Rob logró hablar.

--¿Crees que he sido... tocado por el diablo?

Esa pregunta lo había atormentado todo el día. Barber bufó.

--Si eso crees, eres majadero y corto de entendederas. Y se que no eres ninguna de las dos cosas. --Subió al carromato, llenó el cuerno con hidromiel y bebió hasta la ultima gota antes de volver a hablar--. Las madres y los padres mueren. Los viejos mueren. Así es la naturaleza de las cosas. ¿Estás seguro de haber percibido algo?

--Si, Barber

--¿No es posible que sea una equivocación o las imaginaciones de un mozuelo?

Rob negó tercamente con la cabeza.

--Yo digo que no es más que una impresión --declaró Barber--. Ya está bien de huir y de hablar. Será mejor que descansemos.

Prepararon los lechos a ambos lados de la hoguera. Estuvieron varias horas sin conciliar el sueño. Barber estuvo dando vueltas y finalmente se levantó y abrió otro frasco de licor, lo llevó hasta la hoguera en que se hallaba Rob y se acuclilló.

--Supongamos...--dijo, y bebió un trago--, simplemente supongamos que todas las demás personas del mundo han nacido sin ojos y que tu naciste con ojos.

--En ese caso, yo vería lo que nadie más puede ver.

Barber bebió y asintió.

--Así es. O imaginemos que nosotros no tenemos orejas y tu si. Supongamos que nosotros carecemos de algún otro sentido. Por alguna razón procedente de Dios, de la naturaleza o de lo que quieras, se te ha concedido un.., un don especial. Pero supongamos que puedes decir cuando morirá alguien.

Rob guardó silencio, pues volvía a estar muy asustado.

--Ambos sabemos que es una tontería --agregó Barber--. Coincidimos en que fue producto de tu imaginación. Pero supongamos...

Bebió pensativo del frasco, moviendo la nuez, y la mortecina luz de la hoguera ilumino cálidamente sus ojos esperanzados mientras observaba a Rob J.

--Seria un pecado no explotar semejante don --declaró.

En Shipping Norton compraron hidromiel y prepararon otra serie de Panacea, reponiendo la lucrativa provisión.

--Cuando muera y haga cola ante las puertas --dijo Barber--, San Pedro preguntara: "Como te ganaste el pan?" "Yo fui campesino”, podrá decir un hombre o "Fabriqué botas a partir de pieles. Pero yo responderé: "Fumum vendidi --dijo jovialmente el antiguo monje, y Rob se sintió con fuerzas para traducir del latin:

--"Vendía humo.”

El hombre gordo era mucho más que el pregonero de un dudoso medicamento. Cuando atendía detrás del biombo, se mostraba hábil y a menudo tierno. Aquello que Barber sabía hacer, lo sabía y lo hacía a la perfección, y transmitió a Rob el toque seguro y la mano experta.

En Buckingham, Barber le enseñó a arrancar dientes, ya que tuvieron la buena fortuna de toparse con un boyero aquejado de una infección en la boca. El paciente era tan grueso como Barber; un quejica de ojos saltones que no hacía más que despotricar contra las mujeres. Cambió de idea en mitad del trabajo.

--¡Basta, basta, basta! ¡Dejadme ir! --forcejeó con la boca llena de sangre, pero no cabían dudas de que era imprescindible arrancar los dientes y perseveraron: fue una magnífica lección.

En Clavering, Barber alquiló la herrería por un día, y Rob aprendió a fabricar los hierros y las puntas para lancear. Fue una tarea que tendría que repetir en media docena de herrerías de toda Inglaterra a lo largo de los años siguientes, hasta que su maestro consideró que lo hacía correctamente. Aunque la mayor parte de su trabajo en Clavering fue rechazada, a regañadientes Barber le permitió conservar una pequeña lanceta de dos filos como primer Instrumento de su propio equipo de herramientas quirúrgicas; un principio importante. Al salir de los Midlands y adentrarse en los Fens, Barber le enseñó qué venas se abrían para las sangrías, lo que le trajo desagradables recuerdos de los últimos días de su padre.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:20

A veces su padre se colaba en su mente, porque su propia voz comenzaba a semejarse a la de su progenitor: el timbre se tornó más grave y le estaba creciendo el vello corporal. Sabía que los mechones no eran tan espesos como se volverían más adelante, ya que, como asistía a Barber, conocía bastante bien el cuerpo del macho desnudo. Las hembras eran más misteriosas, pues Barber utilizaba una muñeca voluptuosa y de enigmática sonrisa a la que llamaban Thelma, en cuya desnuda forma de yeso las mujeres señalaban modestamente las zonas de su propio mal, volviendo superfluo el reconocimiento. Aunque a Rob aun le resultaba incómodo entrometerse en la intimidad de los desconocidos, se acostumbró a las preguntas acerca de las funciones corporales: "Maestro, ¿cuando exonerasteis el vientre por ultima vez?" Señora, ¿cuando os toca menstruar?"

Por sugerencia de Barber, Rob cogía las manos de cada paciente entre las suyas cuando los acompañaba hasta detrás del biombo.

--¿Que sientes al cogerles los dedos? --le preguntó Barber un día en Wisbury, mientras Rob desmontaba la tarima.

--A veces no siento nada.

Barber asintió. Cogió uno de los maderos de manos de Rob, lo metió en el carromato y regresó con el ceo fruncido.

--Pero a veces... ¿hay algo?

Rob asintió.

--Bueno, ¿qué es? --quiso saber Barber irritado--. Chico, ¿qué es lo que sientes?

Rob no fue capaz de definirlo ni de describirlo con palabras. Era una medición acerca de la vitalidad de la persona, como asomarse a un pozo oscuro y percibir cuanta vida contenía.

Barber consideró el silencio de Rob como prueba de que se trataba de una sensación imaginaria.

--Creo que regresaremos a Hereford y comprobaremos si el viejo sigue gozando salud --dijo con malicia. Se molestó cuando Rob estuvo de cuerdo--. ¡Bobo, no podemos volver! --exclamó--. Si el viejo ha muerto, estaríamos metiendo la cabeza en el lazo del verdugo

Con frecuencia y estentóreamente, siguió burlándose del "don”.

Empero, cuando Rob empezó a olvidarse de coger las manos de los pacientes, le ordenó que siguiera haciéndolo.

--¿Por que no? ¿Acaso no soy un prudente hombre de negocios? ¿Que os cuesta entregarnos a esta fantasía?

En Peterborough, a pocas millas pero a una vida de distancia de la cabaña de la que había huido de niño, una interminable y lluviosa noche de agosto Barber se sentó a solas en la taberna y bebió lenta pero copiosamente.

A medianoche el aprendiz fue a buscarlo. Rob lo encontró haciendo eses por el camino y lo ayudó a regresar junto a la lumbre.

--Por favor --susurró Barber temeroso.

Rob J. se sorprendió al ver que el borracho alzaba ambas manos y se las ofrecía.

--¡Ah, por favor, en nombre de Cristo! --repitió Barber.

Finalmente, Rob entendió. Cogió las manos de Barber y lo miró a los
ojos.

Segundos después, Rob asintió con la cabeza.

Barber se dejó caer en el lecho. Eructó, se puso de lado y durmió sin preocupaciones.

Aquel año Barber no consiguió regresar a tiempo a Exmouth para pasar invierno, pues habían empezado tarde y las hojas caídas del otoño los sorprendieron en la aldea de Gate Fulford, en la zona ondulada de York. Los brezales fueron pródigos en plantas que perfumaban el aire frío con sus aromas. Rob y Barber se guiaron por la Estrella Polar, haciendo un alto en las aldeas del camino para realizar jugosos negocios, y condujeron el carromato en la interminable alfombra de brezo morado hasta llegar a la ciudad de Carlisle

--Nunca voy más al norte de aquí --declaró Barber--. A pocas horas estaba la Northumbria y empieza la frontera. Más allá está Escocia, que como todo el mundo sabe es una tierra de follajes y ovejas, peligrosa para los ingleses honrados.

Acamparon una semana en Carlisle y acudieron todas las noches a la taberna, donde el alcohol sensatamente comprado pronto permitió que Barber averiguara de qué refugios podría disponer. Alquiló una casa en el páramo, provista de tres pequeñas habitaciones. No se diferenciaba mucho de la cabaña que poseía en la costa sur, pero, para su disgusto, la de Carlisle carecía de chimenea de piedra. Acomodaron los lechos a ambos lados del hogar como si se tratara de la hoguera del campamento, y a poca distancia encontraron una cuadra dispuesta para alojar a Incitatus. Barber volvió a comprar pródigamente provisiones para el invierno, lo que le resultó fácil gracias al dinero, que nunca dejaba de producir en Rob una asombrosa sensación de bienestar.

Barber se abasteció de ternera y cerdo. Había pensado adquirir un pernil de venado, pero ese verano tres cazadores del mercado fueron ahorcados en Carlisle por matar los ciervos del rey, reservados para las cacerías de los nobles. Cambió de idea y compró quince gallinas gordas y un saco de forraje.

--Las gallinas son tu dominio --comunicó Barber a Rob--. Debes ocuparte de alimentarlas, sacrificarlas cuando te lo pida, aderezarlas, desplumarlas y prepararlas para mi olla.

Rob pensó que las gallinas eran unos seres impresionantes, grandes y de color amarillo, con patas sin plumas, crestas rojas, barbas y orejas con lóbulo. No pusieron reparos cuando por las mañanas robaba de sus nidos cuatro o cinco huevos blancos.

--Te consideran un puñetero gallo --Comentó Barber.

--¿Por que no les compramos un gallo?

Barber, a quien en las frías mañanas de invierno le gustaba dormir hasta tarde y, consecuentemente, detestaba los cacareos, se limitó a gruñir.

Rob tenía pelos castaños en el rostro, pelos que no podían considerarse una barba. Barber dijo que solo los daneses se afeitaban, pero el chico sabía que no era cierto, porque su padre siempre se había rasurado el rostro. El equipo quirúrgico de Barber contenía una navaja, y el hombre gordo asintió de mala gana cuando Rob le preguntó si podía usarla. Aunque se cortó la cara, el hecho de afeitarse lo ayudó a sentirse mayor.

La primera vez que Barber le ordenó que sacrificara una gallina se sintió muy joven. Las aves lo contemplaban con sus ojillos como pequeños abalorios negros, como dándole a entender que podían ser amigos. Al final rodeo con dedos fuertes el cogote más próximo y, estremeciéndose, cerró los ojos.

Un giro enérgico y convulsivo, y todo acabó. Pero la gallina lo castigó después de muerta, porque no soltó amablemente las plumas. Tardó horas en arrancarlas, y cuando le entregó a Barber el cadáver grisáceo, lo miró con desdén.

La segunda vez que hizo falta una gallina, Barber le enseño magia de verdad. Abrió el pico de la gallina y hundió un delgado cuchillo por el cielo de la boca hasta llegar al cerebro. La gallina se relajó de inmediato en la muerte y entregó sus plumas: salieron a grandes manojos ante el más leve tirón.

--Te daré una lección --dijo Barber--. Es igual de fácil llevar a un hombre a la muerte, y lo he hecho. Resulta más difícil mantener asida la vida y aun más difícil aferrarse a la salud. Esas son las tareas a que debemos dirigir nuestras mentes.

El clima de finales de otoño era perfecto para recolectar hierbas, así que recorrieron bosques y brezales. Barber se mostraba especialmente deseoso de recoger verdolaga. Empapada de panacea, producía un agente que llevaba a que la fiebre bajara y se disipara. Para gran decepción por su parte, no la encontraron. Había otras cosas más fáciles de recoger, como pétalos de rosas rojas para cataplasmas y tomillo y bellotas que se molían, se mezclaban con grasa y se extendían sobre las pústulas del cuello. Otros vegetales requerían laboriosos esfuerzos, como extraer la raíz del tejo, que ayudaba a las embarazadas a retener el feto. Recogieron hierbaluisa y eneldo para combatir afecciones urinarias; cálamo aromático de lo pantanos para evitar el deterioro de la memoria provocado por los humores húmedos y fríos; bayas de enebro que se hervían, para despejar los conductos nasales taponados; altramuz para preparar paños calientes a fin de abrir abscesos, y mirto y malva para aliviar las erupciones que escuecen.

--Has crecido más rápidamente que estas hierbas --observó Barber con picardía, y decía la verdad.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:21

Era casi tan alto como Barber y hacia mucho tiempo que había dejado el traje que Editha le cosiera en Exmouth. Cuando Barber lo llevó a Carlisle y encargó "nuevas ropas de invierno que le sirvan una larga temporada”, el sastre meneó la cabeza.

-El chico seguirá creciendo, no? ¿Que tiene? ¿Quince, dieciséis años?

un muchacho de esa edad crece mucho más rápido de lo que le puede durar la ropa.

--¡Dieciséis! ¡Aún no ha cumplido los once!

El sastre miró a Rob con regocijo no exento de respeto.

--¡Será un hombre fornido! A decir verdad, dará la sensación de que sus vestimentas encogen. ¿Se me permite proponer que arreglemos un traje?

Otro de los trajes de Barber, de tela gris casi buena, fue recortado y cosido. En medio de la hilaridad general, resultó que cuando Rob se lo probó era ancho en exceso y demasiado corto de mangas y perneras. El sastre aprovechó la tela sobrante del ancho para alargarlas, escondiendo las costuras con garbosas bandas de tela azul. Rob había andado descalzo casi todo el verano pero pronto comenzarían las nevadas y se sintió agradecido cuando Barber le compró botas de cuero.

Caminó con ellas, cruzó la plaza de Carlisle hasta la iglesia de San Martín y golpeo el aldabón de las inmensas puertas de madera, que al final abrió un coadjutor anciano de ojos legañosos.

--Padre, si es tan amable, busco al sacerdote Ranald Lovell.

-El coadjutor parpadeó.

--Conocí a un cura de ese nombre que ayudaba a misa con Lyfing, en tiempos en que Lyfing era obispo de Wells. La próxima Pascua hará diez años que ha muerto.

Rob negó con la cabeza.

-No se trata del mismo sacerdote. Hace pocos años vi al padre Ranald con mis propios ojos.

Tal vez el hombre al que conocí se llamaba Hugh Lovell en lugar de Ranaldl.

--Ranald Lovell fue trasladado de Londres a una iglesia del norte.

Tiene a mi hermano, William Steward Cole, que es tres años más joven que yo

--Hijo mío, es posible que ahora tu hermano tenga otro nombre. A veces los sacerdotes llevan a sus chicos a una abadía para que se conviertan en acólitos. Tendrás que preguntar a otros por todas partes. La Madre Iglesia es una mar grande e infinita y yo no soy mas que un ínfimo pez

-El viejo cura inclinó amablemente la cabeza, y Rob lo ayudó a cerrar las puertas.

Una piel de cristales opacaba la superficie de la pequeña charca que hay detrás de la taberna del pueblo. Barber señaló los patines sujetos a una cuerda de su minúscula casa.

--Es una pena que tengan ese tamaño. No te cabrán porque tienes pies extraordinariamente grandes.

El hielo se espesó diariamente hasta que una mañana devolvió un firme golpe seco cuando Rob se encaminó al centro de la charca y pateo. Cogió los patines demasiado pequeños. Eran de cornamenta de ciervo tallada y casi idénticos al par que su padre le había fabricado cuando tenía seis años. Aunque pronto le quedaron pequeños, los uso tres inviernos y ahora se llevó hasta la charca los que cogió de la casa y se los ató a los pies. Al principio los uso encantado, pero los bordes estaban mellados y embotados, y su tamaño y estado lo dejaron en la estacada cuando intentó girar. Agitó los brazos y cayó pesadamente y se deslizó un buen trecho.

Reparó en que alguien reía.

La chica tenía unos quince años y su risa demostraba verdadera alegría

--¿Sabes hacerlo mejor? --preguntó acalorado, al tiempo que reconocía para sus adentros que era una muñeca bonita, demasiado delgada y desproporcionada, pero con cabellos negros como los de Editha.

--¿Yo? --inquirió--. ¡Vamos! Ni se si jamás me atrevería a intentarlo.

El malhumor de Rob se esfumó como por encantamiento.

--Son más adecuados para tus pies que para los míos --dijo. Se quitó lo patines y los llevó a la orilla, donde estaba la chica--. No es nada difícil. Te enseñaré.

Muy pronto superó las objeciones de la chica, y poco después le ataba los patines a los pies. La muchacha no sabía mantener el equilibrio sobre la poco habitual superficie resbaladiza del hielo y se aferró a Rob, con expresión de alarma en sus ojos pardos y dilatando las ventanas de la nariz.

--No temas; yo te sujeto --aseguró Rob.

Sustentó el peso de la chica y la empujó por el hielo desde atrás, reparando en sus nalgas tibias.

Ahora la muchacha reía y gritaba mientras el la hacia dar vueltas alrededor de la charca. Dijo llamarse Garwine Talbott, y añadió que su padre, Alfric Talbott, poseía una granja en las afueras.

--¿Como te llamas?

--Rob J.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:21

La chica parloteó, revelando que tenía infinita información sobre él, que Carlisle era un villorio. Estaba enterada de cuando habían llegado Barber y él, de su profesión, de las provisiones que habían comprado y de quien era el dueño de la casa que habían alquilado.

Más tarde, deslizarse por el hielo le resultó divertido. Sus ojos brillaban de contento y el frío tiñó de rojo sus mejillas. Su pelo voló hacia atrás, dejando al descubierto un lóbulo pequeño y rosado. Tenía el labio superior delgado y el inferior tan lleno que parecía hinchado. Rob vio un cardenal desteñido en su pómulo. Cuando la chica sonrió, notó que uno de los dientes de abajo estaba torcido.

--Entonces, ¿reconoces a la gente?

--Si, por supuesto.

--¿También a las muñecas?

--Tenemos una muñeca. Las mujeres señalan las zonas que les duelen.

-¿Tiene buen aspecto?

"No tanto como el tuyo”, quiso decir, pero no se atrevió. Se encogió de hombros.

--Se llama Thelma.

--¡Thelma! --La chica tenía una risa intensa e irregular que lo obligó a sonreír--. ¡Eh! --exclamó, y alzó la mirada para ver donde se encontraba el--. Debo regresar para el ordene de última hora --explicó, y su suave plenitud se apoyó en el brazo de Rob.

Se arrodilló ante ella en la orilla y le quitó los patines.

--No son míos; estaban en la casa --dijo--. Puedes quedártelos un tiempo y usarlos.

La chica sacudió rápidamente la cabeza.

--Si los llevara a casa, el sería capaz de matarme y querría averiguar que hice para conseguirlos.

Rob notó que una oleada de sangre trepaba por su cara. Para librarse de la incomodidad, cogió tres piñas y le dedicó unos juegos malabares.

La joven rió, aplaudió y, con una jadeante bocanada de palabras, le explicó como llegar a la granja de su padre. Antes de partir vaciló y se volvió unos segundos.

--Los jueves por la mañana. Las visitas no le gustan, pero los jueves por mañana lleva quesos al mercado.

Llegó el jueves y Rob no salió a buscar la granja de Aelfric Talbott. Se quedó en la cama pusilánime, y temeroso, no por causa de Garwine ni de su padre, sino por las cosas que ocurrían en su interior y que no comprendía; misterios que no tenía valor ni sabiduría para afrontar.

Había soñado con Garwine Talbott. En el sueño se habían acostado en el pajar, tal vez en el granero del padre de ella. Era el tipo de sueño que había tenido tantas veces con Editha, e intentó limpiar la ropa de cama sin llamar la atención de Barber.

Comenzaron las nevadas. Cayó como un espeso plumón de ganso, y Barber cubrió con pieles los vanos de las ventanas. El aire del interior de la casa se volvió viciado, e incluso de día era prácticamente imposible ver si no estaba uno junto a la lumbre.

Nevó cuatro días, con muy breves interrupciones. Deseoso de hacer algo, Rob se sentó junto al hogar y trazó dibujos de las diversas hierbas recolectadas. Utilizó trozos de carbón rescatados del suelo y corteza de la leña, y dibujó la menta rizada, los pétalos desmayados de las flores puestas a secar hojas con venas del trébol de las habas silvestres. Por la tarde, derritió nieve en el fuego y dio de comer y beber a las gallinas, cuidando de abrir y cerrar rápidamente la puerta del improvisado corral porque, el hedor era cada vez mas insoportable.

Barber se quedó en la cama, bebiendo sorbitos de hidromiel. La segunda noche de la nevada anduvo con dificultad hasta la taberna y regresó con una tabernera rubia y silenciosa llamada Helen. Rob intentó observarlos desde su lecho al otro lado del hogar porque, aunque había presenciado el acto muchas veces, lo desconcertaban ciertos detalles que últimamente se habían colado en sus pensamientos y en sus sueños. Sin embargo, no pudo atravesar la espesa oscuridad y se limitó a estudiar sus cabezas iluminadas por la luz de fuego. Barber se mostró embelesado y absorto, pero la mujer parecía retraída y melancólica: como alguien que se dedica sin alegría a cumplir una obligación.

En cuanto la mujer partió, Rob cogió un trozo de corteza y un fragmento de carbón. En lugar de dibujar las plantas, intentó esbozar los rasgos de una mujer.

Barber, que iba en busca del orinal, se detuvo a observar el boceto y frunció el ceño.

--Me parece que conozco esa cara--comentó. Poco después, de regreso en la cama, alzó la cabeza entre las pieles y exclamó--. ¡Vaya! ¡Si es Helen!

Rob estaba muy contento. Intentó hacer un retrato del vendedor de ungüentos Wat, pero Barber solo logró identificarlo después de que el ayudante añadiera la pequeña figura del oso Bartram.

--Debes ahondar en tu intento de recrear caras, pues estoy convencido de que nos resultará útil --dijo Barber, que en seguida se hartó de observar a Rob y volvió a beber hasta que se quedó dormido.

El martes cesó la nevada. Rob se cubrió las manos y la cabeza con trapos y buscó una pala de madera. Limpió un sendero que salía de la puerta de la casa y se dirigió a la cuadra para ejercitar a Incitatus, que estaba engordando por la falta de trabajo y la ración cotidiana de heno y granos dulces.

El miércoles ayudó a varios chicos de Carlisle a quitar con palas la nieve de la superficie de la charca. Barber sacó las pieles que cubrían los agujeros de las ventanas y dejó que el aire frío pero fragante campara por la casa Lo celebró asando un trozo de cordero, que acompañó con jalea y pastelitos de manzana.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:21

El jueves por la mañana, Rob cogió los patines y se los colgó del cuello por las tiras de cuero. Se dirigió a la cuadra, solo puso la brida y el cabestrillo a Incitatus, montó y salió de la población. El aire crujía, el sol brillaba y la nieve era pura.

Se transformó en romano. De nada servía simular que era Calígula amo del Incitatus original, porque sabía que Calígula se había vuelto loco y había encontrado un desdichado final. Decidió ser Cesar Augusto y condecoró a la guardia pretoriana por la Via Appia hasta Brindisi.

No tuvo dificultades para encontrar la granja de los Talbott. Se alzaba exactamente donde la chica había dicho. Aunque la casa estaba ladeada amén de tener muy mal aspecto y el techo hundido, el granero era amplio y se encontraba en perfectas condiciones. La puerta estaba abierta y oyó que alguien se movía dentro, entre los animales.

Siguió montado sin saber qué hacer, pero Incitatus relinchó y no tuvo más remedio que anunciarse.

--¿Garwine? --preguntó.

En la puerta del granero apareció un hombre que se encaminó lentamente hacia el. Esgrimía una horquilla de madera cargada de estiércol y se dio cuenta de que estaba borracho. Era un hombre cetrino y jiboso, con una descuidada barba negra del color de la cabellera de Garwine. Solo podía tratarse de Aelfric Talbott.

--¿Quien eres? --inquirió.

Rob le respondió.

El hombre se tambaleo

--¡Vaya, Rob J. Cole! No has tenido suerte. No esta aquí. La muy putilla se ha largado.

La horquilla cargada de estiércol se movió ligeramente y Rob tuvo la cereza de que en un santiamén él mismo y el caballo serían rociados con excrementos de vaca frescos y humeantes.

--Sal de mi propiedad --ordenó Talbott.

Estaba llorando. Lentamente, Rob guió a Incitatus de regreso a Carlisle.

se preguntó adonde habría ido la chica y si lograría sobrevivir.

Ya no era César Augusto a la cabeza de la guardia pretoriana. Solo era un chiquillo enredado en sus dudas y temores.

Cuando llegó a casa, colgó los patines de la viga y nunca volvió a usarlos

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:22

EL JUDIO DE TETTENHALL




No había nada qué hacer salvo aguardar la llegada de la primavera. Habían elaborado y embotellado nuevas partidas de Panacea Universal. Todas las hierbas que Barber encontró, con excepción de la verdolaga para combatir las fiebres, estaban secas y en polvo, o remojadas en la medicina. Sentíanse fatigados de practicar los juegos malabares y hartos de ensayar magias, Barber estaba también cansado del Norte, de beber y dormir.

--Estoy demasiado impaciente para seguir arrastrándome mientras se consume el invierno --dijo una mañana de marzo, y abandonaron Carlisle prematuramente, avanzando con lentitud hacia el sur porque los caminos todavía estaban casi intransitables.

Tropezaron con la primavera en Beverley. El aire se suavizó, y emergió junto con una multitud de peregrinos que habían visitado la gran iglesia de piedra consagrada a San Juan Evangelista. Rob y Barber montaron el espectáculo, y su primer gran público de la nueva temporada respondió con entusiasmo. Todo fue bien durante los tratamientos hasta que, al hacer pasar a la sexta paciente detrás del biombo de Barber, Rob tomó las delicadas manos de una elegante mujer.

Rob sintió que se le aceleraba el pulso.

--Pasad, señora --dijo débilmente.

Le hormigueaba la piel donde sus manos se unieron. Se volvió e intercambio una mirada con Barber.

Barber palideció. Casi con brutalidad, empujo a Rob hasta quedar fuera del alcance de los oídos de la paciente.

---¿No tienes ninguna duda? Debes estar absolutamente seguro.

--Morirá muy pronto --afirmó Rob.

Barber regresó junto a la mujer, que no era vieja y parecía gozar de buena salud. No se quejó de ninguna dolencia y dijo que solo había ido a comprar un filtro.

--Mi marido es un hombre de edad. Su ardor languidece, más me admira --dijo serenamente.

Su refinamiento y la ausencia de falso pudor la dotaban de dignidad.

Llevaba ropa de viaje, confeccionada con finos paños. Evidentemente, era una mujer rica.

--Yo no vendo filtros. Eso es magia y no medicina, señora.

La mujer murmuró una disculpa. Barber se aterrorizó al ver que no lo corregía en el tratamiento que le había dado: ser acusado de brujería por la muerte de una noble significaba la destrucción segura.

--Un trago de alcohol suele producir el efecto deseado. Fuerte y caliente, le dijo antes de retirarse.

Barber se negó a aceptar pago. En cuanto la mujer hubo salido, presentó sus excusas a los pacientes que aun no había atendido. Rob ya estaba cargando el carromato.

Así, huyeron una vez más. En esta ocasión apenas hablaron durante la escapada. En cuanto estuvieron bastante lejos y acamparon para pasar la noche, Barber rompió el silencio.

--cuando alguien muere repentinamente, su mirada queda vacía --dijo en voz baja--. La fisonomía pierde expresión, y a veces la cara se torna purpúrea. Una comisura de la boca cuelga, cae un párpado, los miembros se vuelven de piedra. --Suspiró--. Es despiadado.

Rob no contestó.

Prepararon las camas e intentaron dormir. Barber se levantó y bebió un rato, pero esta vez no tendió sus manos al aprendiz para que las retuviera

En el fondo de su alma, Rob sabía que no era un hechicero, pero solo podía existir otra explicación, y no la comprendía. Permaneció echado y rezo. "Por favor, quítame este sucio don y devuélvelo a su lugar de origen.

Furioso y abatido, no pudo evitar un fruncimiento de cejas, pues la mansedumbre nunca le había dado ninguna ventaja. "Es algo que podría estar inspirado por Satán, y no quiero tener nada que ver con eso”, le gruñó a Dios

Al parecer, su oración fue escuchada. Aquella primavera no hubo mas incidentes. Se mantuvo el buen tiempo, con días soleados más cálidos y secos que de costumbre, buenos para los negocios.

--Buen tiempo en el día de San Swithin --dijo Barber una mañana, en tono triunfal--. Todo el mundo sabe que eso significa buen tiempo duran otros cuarenta días.

Gradualmente sus temores se apaciguaron, y fueron animándose.

¡Su amo recordó su cumpleaños! La tercera mañana siguiente al día de San Swithin, Barber le hizo un hermoso regalo: tres plumas de ganso, un pote de tinta y una piedra pómez.

--Ahora puedes emborronar las caras con algo distinto de un trozo carbón.

Rob no tenía dinero para comprarle a Barber un regalo de cumpleaños pero un día, a ultima hora de la tarde, sus ojos reconocieron una planta al pasar junto a un campo. A la mañana siguiente, salió a hurtadillas del carromato, caminó media hora hasta el campo y recogió una buena cantidad plantas. El día del cumpleaños de Barber, Rob le regaló un gran ramo de verdolaga, la hierba para las fiebres, que aquel recibió con evidente placer.

En su espectáculo se notaba que estaban bien avenidos. Cada uno anticipaba lo que haría el otro, y su representación adquirió brillo y agudeza, despertando espléndidos aplausos. Rob tenía ensueños en los que veía a sus hermanos entre los espectadores; imaginaba el orgullo y el asombro de Anne Mary y de Samuel Edward al ver a su hermano mayor hacer pases mágicos y malabarismos con cinco pelotas.

Habrán crecido, se dijo. ¿Lo recordaría Anne Mary? ¿Seguiría siendo indómito Samuel Edward? Y seguramente Jonathan Carter sabía andar y hará como un hombrecito hecho y derecho.

A un aprendiz le era imposible insinuarle a su amo a donde debía dirigir caballo, pero en Nottingham encontró la oportunidad de consultar el mapa de Barber, y vio que estaban en el mismísimo corazón de la isla inglesa. Para llegar a Londres tendrían que continuar al sur, pero también desviarse al este. Memorizó los nombres y emplazamientos de las ciudades, para saber si estaban viajando hacia donde tan desesperadamente deseaba ir.

En Leicester, un granjero que picaba una roca en su campo, había desenterrado un sarcófago. Cavó a su alrededor, pero era demasiado pesado para e el lo levantara, y su fondo permaneció aferrado a la tierra como un canto rodado.

--El duque enviará hombres y animales para sacarlo y se lo llevará a su castillo --les dijo orgulloso el pequeño terrateniente.

En el mármol de grueso grano blanco había una inscripción: DIIS MABUS. VIVIO MARCIANO MILITI LEGIONIS SECUNDAE AUGUS, AE. IANUARIA MARINA CONJUNX PIENTISSIMA POSUIT MEMORIAM.

--"A los dioses del mundo de los muertos --tradujo Barber--. Para Vivio Marciano, soldado de la Segunda Legión de Augusto. En el mes de enero, su devota esposa Marina instaló este sepulcro.”

Se miraron

--Me pregunto que le ocurrió a la muñequita Marina después de enterrarlo, pues estaba a gran distancia de su casa --dijo razonablemente Barber.

"Como todos”, pensó Rob.

Leicester era una ciudad populosa. Asistió mucha gente al espectáculo, y cuando concluyo la venta de la medicina se encontraron en un frenesí de actividad. En rápida sucesión, ayudó a Barber a abrir el carbunclo de un joven a entablillar un hueso partido de otro, a administrar verdolaga a una madre calenturienta y manzanilla a un niño con cólicos. Después acompaño otro lado del biombo a un hombre robusto, de calva incipiente y ojos lechosos.

--¿Cuanto hace que esta ciego? --pregunto Barber a su paciente.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:22

--Dos años. Todo empezó como una tiniebla que gradualmente se profundizó, y ahora apenas distingo la luz. Soy escribiente y no puedo trabajar.

Barber meneó la cabeza, olvidando que su gesto no era visible.

--No puedo devolver la vista, como tampoco la juventud.

El escribiente dejó que Rob lo guiara afuera.

--Es una mala noticia --le dijo a Rob--. ¡Nunca volveré a ver!

Un hombre que andaba por allí, delgado, con cara de halcón y nariz aguileña, oyó lo que decía y los miró de soslayo. Tenía el pelo y la barba blancos pero aún era joven: no podía más que doblar la edad de Rob. Dio un paso adelante y puso una mano en el brazo del paciente.

--¿Como te llamas? --le preguntó, con el acento francés que Rob había oído muchas veces en boca de los normandos de los muelles londinenses.

--Edgar Thorpe --dijo el escribiente.

--Yo soy Benjamín Merlín, medico de la cercana ciudad de Tettenhall ¿Me permites examinarte los ojos, Edgar Thorpe?

El oficinista asintió y pestañeó. El otro le levantó los párpados con los pulgares y estudió la blanca opacidad que cubría sus ojos.

--Estoy en condiciones de abatir las nubes de los cristalinos --dijo finalmente--. Lo he hecho con anterioridad, pero tienes que ser fuerte par aguantar el dolor.

--El dolor es lo de menos --murmuró el enfermo.

--Entonces haz que alguien te lleve a mi casa de Tettenhall, a primera hora de la mañana del próximo martes --dijo el médico, y se apartó.

Rob estaba alelado. Nunca le había pasado por la imaginación que alguien pudiera intentar algo que escapaba a los conocimientos de Barber.

--¡Maestro medico! --corrió tras el--. ¿Donde has aprendido a hacer eso..., abatir las nubes de los cristalinos de los ojos?

--En una academia. Una escuela para médicos.

--¿Y donde esta esa escuela para médicos?

Merlín vio ante sí a un joven corpulento, con ropa mal confeccionada que le iba pequeña. Su mirada abarcó el abigarrado carromato, la tarima donde estaban las pelotas para malabarismos y los frascos con medicina cuya calidad adivinó al instante.

--A medio mundo de distancia --dijo amablemente.

Se encaminó hacia una yegua negra que estaba atada a un árbol, montó y, al galope, se alejó de los cirujanos barberos sin volver la mirada.

Mas tarde, Rob le habló a Barber de Benjamín Merlín, mientras Incitatus arrastraba lentamente el carromato hacia las afueras de Leicester.

Barber asintió con la cabeza.

--He oído hablar de él. El médico de Tettenhall.

--Si. Hablaba como un franchute.

--Es un judío de Normandía.

--¿Qué es un judío?

--Otro nombre para designar a los hebreos, el pueblo de la Biblia asesinó a Jesús y fue expulsado de la Tierra Santa por los romanos.

--Habló de una escuela para estudiar medicina.

--A veces organizan cursos en el colegio de Westminster. Según se dice, son pésimos y de ellos salen pésimos médicos. En su mayoría se emplean con médicos de verdad para capacitarse, así como tu eres mi aprendiz para llegar a conocer el oficio de cirujano barbero.

--No creo que se refiriera a Westminster. Dijo que la escuela estaba muy, muy lejos.

Barber se encogió de hombros.

--Tal vez este en Normandía o en Bretaña. Los judíos son muchos en Francia, y algunos se abren paso hasta aquí, incluidos los médicos.

--Yo he leído cosas de los hebreos en la Biblia, pero nunca había visto a uno.

--Hay otro medico judío en Malmesbury, de nombre Isaac Adolescentoli. Un doctor famoso. Es posible que lo veas cuando lleguemos a Salisbury dijo Barber.

Malmesbury y Salisbury caían al oeste de Inglaterra.

--Entonces, ¿no iremos a Londres?

--No. --Barber percibió algo en la voz de su aprendiz, y hacia tiempo que le constaba el deseo del joven de encontrar a sus parientes--. Iremos directamente a Salisbury --dijo con tono severo-- para cosechar los beneficios de las multitudes que asisten a la feria. De allí pasaremos a Exmouth, pues para entonces el otoño habrá caído sobre nosotros. ¿Lo comprendes?

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:23

Rob movió la cabeza afirmativamente.

--Pero en la primavera, cuando volvamos a partir, viajaremos hacia el este y pasaremos por Londres.

--Gracias, Barber --dijo con serena exultación.

Rob se animó. ¿Que importaban las demoras si sabía que finalmente irían a Londres?

Sus hermanos poblaron todos sus pensamientos.

Por último, volvió a la otra cuestión:

_¿Crees que le devolverá la vista al escribiente?

Barber se encogió de hombros.

--He oído hablar de esa operación. Muy pocos son capaces de llevarla a cabo, y dudo que el judío sea uno de esos pocos. Pero quien es capaz de asesinar a Cristo no tiene ningún escrúpulo en mentirle a un ciego --dijo Barber y apremió al caballo, pues faltaba poco para la hora de cenar.

Cuando llegaron a Exmouth no fue lo mismo que volver a casa, pero Rob se sintió mucho menos solo que dos años atrás, cuando piso el lugar por vez primera. La casita junto al mar era conocida y acogedora. Barber pasó la mano por la gran chimenea de leña, con sus utensilios de cocina, y aspiró.

Planearon una espléndida provisión invernal, como de costumbre, pero esta vez no llevarían aves de corral a la casa, por el penetrante hedor que despedían las gallinas.

Rob había seguido creciendo, y sus ropas le quedaban pequeñas.

--Tus huesos en expansión me llevarán a la ruina --se quejó Barber, cuando le dio a Rob una pieza de paño de lana teñido de marrón que había comprado en la feria de Salisbury--. Cogeré a Tatus y el carro e iré a Atelny para elegir quesos y jamones, y pernoctaré en la posada. En mi ausencia, debes limpiar de hojas el manantial y comenzar a preparar la leña. Pero tomate tiempo para llevar este paño a Editha Lipton y pídele que te lo cosa.

¿Recuerdas el camino de su casa?

Rob cogió la ropa y le dio las gracias.

--La encontraré.

--Tiene que hacerte algo que se pueda agrandar --gruñó Barber después de pensarlo dos veces--. Dile que haga dobladillos generosos para que cuando llegue el momento los soltemos.

Llevo la tela envuelta en una piel de carnero para protegerla de la lluvia helada que, al parecer, era el rasgo predominante del clima de Exmouth. Conocía el camino. Dos años atrás a veces había pasado por su casa, con la esperanza de verla.

Editha respondió de inmediato a su llamada. A Rob casi se le cae el hatillo cuando ella le cogió las manos y lo atrajo hacia el interior para evitar que se siguiera mojando.

--¡Rob J.! Déjame estudiarte. Jamás he visto tantas alteraciones en dos años!

Rob quiso decirle que ella no había cambiado, pero se quedó mudo.

Editha notó su mirada y se le entibiaron los ojos.

--Entretanto yo me he vuelto vieja y canosa --dijo, a la ligera.

El meneó la cabeza. Editha seguía teniendo el pelo negro, y en todo sentido era tal como la recordaba, sobre todo en la luminosidad de sus ojos.

Editha preparó una infusión de hierbabuena y Rob recuperó la voz. Le habló ansiosamente y con todo detalle de los sitios donde habían estado y de algunas cosas que habían hecho.

--A mi me va un poco mejor que antes --dijo ella--. Las cosas han cambiado y ahora la gente vuelve a encargarme ropa.

Rob recordó el motivo de su visita. Abrió la piel de carnero y le mostró el paño; después de examinarlo, Editha dijo que era una lana de muy buena calidad.

--Espero que haya suficiente cantidad --dijo con tono de preocupación--, porque ya eres mas alto que Barber. --Buscó las cuerdas de medir y le tomó el ancho de los hombros, la circunferencia de cintura, el largo de brazos y piernas--. Haré pantalones ceñidos, una chupa suelta y una capa; irás magníficamente ataviado.

Rob asintió y se incorporó, aunque reacio a marcharse.

--¿Barber te está esperando?

Le explicó todo sobre las actividades de Barber, y ella le indicó que retrocediera.

--Es hora de comer. No puedo ofrecerte lo mismo que él, que pone en la mesa terneras reales, lenguas de alondra y sabrosos budines. Pero compartirás mi cena de campesina.

Cogió un pan del aparador y envió a Rob a su pequeña fresquera del manantial a buscar un trozo de queso y una jarra de sidra. En medio de la oscuridad creciente y bajo la lluvia, Rob arrancó dos varitas de sauce. En la casa cortó el queso y el pan de cebada y los atravesó con las varas de sauce para tostarlos en el fuego. Editha sonrió:

--Veo que ese hombre ha dejado en ti su marca para toda la vida.

Rob le devolvió la sonrisa.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:23

--Es sensato calentar la comida en una noche como esta.

Comieron y bebieron; después charlaron amistosamente. Rob agregó leña al fuego, que había empezado a silbar y a humear bajo la lluvia que se colaba por el boquete de salida del humo.

--El tiempo está empeorando --dijo Editha.

--Si.

--Es una tontería volver a casa en la oscuridad y con semejante tormenta.

Rob había caminado en noches mas oscuras y bajo peores lluvias.

--Parece que va a nevar.

--Entonces tendré compañía.

--Te lo agradezco.

Volvió entumecido al manantial, con el queso y la sidra, sin atreverse a pensar. Al volver a la casa, la encontró despojándose del vestido.

--Será mejor que te quites la ropa húmeda --le dijo mientras se metía tranquilamente en la cama, con su camisa de dormir.

Rob se quitó la túnica y los pantalones húmedos, y los extendió a un lado del hogar. Desnudo, se apresuró a acostarse junto a ella, entre las pieles, temblando.

¡Que frío!

Editha sonrió.

--Has pasado más frío. Cuando ocupe tu lugar en la cama de Barber.

--Y me hicisteis dormir en el suelo en una noche de perros. Si, hacia más frio.

Ella lo miró.

--“Pobre huerfanito”, pensé. Te habría metido con nosotros en la cama.

--Estiraste la mano y me tocaste la cabeza.

Le tocó la cabeza ahora, alisándole el pelo y apretándole el rostro en sus blanduras.

--He abrazado a mis propios hijos en esta cama.

Editha cerro los ojos. Luego aflojó la parte de arriba de su camisa y le ofreció un pecho.

La carne tibia en su boca hizo recordar a Rob una calidez infantil largo tiempo olvidada. Le escocieron los párpados. La mano de Editha cogió la suya para que la explorara.

--Esto es lo que debes hacer --le dijo, sin abrir los ojos.

Una rama chisporroteó en la chimenea, pero no la oyeron. El fuego humedecido ahumaba toda la estancia.

--Suavemente y con mucha paciencia. En círculos, tal como lo estas haciendo --dijo Editha con tono ensoñador.

Rob echó hacia atrás la manta y la camisa de la mujer, a pesar del frío.

descubrió, con sorpresa, que sus piernas eran gruesas. Estudió con la mirada lo que sus dedos ya habían aprendido. La feminidad de ella era como la de sus recuerdos, pero ahora la luz del fuego le permitió observar los pormenores.

--Más rápido.

Ella habría dicho más, pero él encontró sus labios. No era la boca de una madre, y Rob notó que Editha hacia algo interesante con su lengua ávida.

Una serie de susurros lo guiaron encima de ella y entre sus pesadas nalgas. No fueron necesarias más instrucciones: instintivamente, Rob corcoveó y empujó.

“Dios es un carpintero competente”, pensó Rob, pues la mujer era una resbaladiza muesca móvil y él, una almilla a la medida.

Editha abrió los ojos de par en par y lo miró fijamente. Sus labios se curvaron sobre sus dientes en una extraña sonrisa y emitió un áspero estertor desde el fondo de su garganta, sonido que habría hecho pensar a Rob que la mujer estaba agonizando, si no lo hubiese oído con anterioridad.

Durante años había visto y oído a otros hacer el amor: sus padres en la pequeña casa abarrotada, Barber con un numeroso desfile de rameras. Había llegado a la convicción de que en un coño tenía que haber mucha magia para que los hombres lo desearan tanto. En el oscuro misterio del lecho de Editha y estornudando como un caballo por el humo de la chimenea, Rob sintió que descargaba toda la angustia contenida en su cuerpo. Transportado por el más tremendo de los deleites, Rob descubrió la enorme diferencia entre la observación y la participación.

A la mañana siguiente, despertada por un golpe en la puerta, Editha bajó descalza de la cama y fue a abrir.

--¿Se ha ido? --susurró Barber.

--Hace mucho --respondió, mientras lo hacia pasar--. Se durmió como un hombre y al despertar fue nuevamente un chico. Dijo algo acerca de limpiar el manantial y se fue deprisa.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:23

--¿Todo salió bien? --preguntó Barber, sonriente.

Ella asintió con sorprendente timidez, bostezando.

--Bien, porque estaba más que listo. Para el será mejor haber encontrado la bondad contigo en lugar de una cruel iniciación por parte de una hembra de otra índole.

Editha lo vio sacar monedas de la bolsa y dejarlas sobre la mesa.

--Solo por esta vez --le advirtió Barber, con su sentido práctico--. Si vuelve a visitarte...

Ella meneó la cabeza.

--En estos tiempos me hace mucha compañía un carretero. Un buen hombre, con casa en la ciudad de Exeter y tres hijos. Creo que se casará conmigo.

--¿Y le advertiste a Rob que no siguiera mi ejemplo?

--Le dije que cuando bebes con frecuencia te vuelves brutal y eres menos que un hombre.

--No recuerdo haberte pedido que le dijeras eso.

--Se lo dije basándome en mis propias observaciones. --Sostuvo con firmeza la mirada de Barber--. Y también repetí tus palabras, tal como me indicaste. Le dije que su amo se había consumido con la bebida y las mujeres indignas. Le aconsejé que fuera exigente consigo mismo y que hiciera caso omiso de tu ejemplo. --Barber la escuchaba con expresión grave--. No soportó que te criticara --agregó Editha secamente--. Me dijo que eras un hombre sin par cuando estabas sobrio y un excelente amo que lo colma de bondades.

--¿De verdad? --preguntó Barber.

Ella estaba familiarizada con las emociones que asomaban al rostro de un hombre, y notó que aquel estaba henchido de placer.

Barber cogió el sombrero y se encaminó a la puerta. Ella guardó el dinero y volvió a la cama, desde donde lo oyó silbar.

A veces los hombres eran reconfortantes y otras veces se comportaba como animales, “pero siempre son un enigma”, se dijo Editha antes de volver a dormirse.

Charles Bostock parecía más un árbitro de elegancias que un mercader.

Elevaba su largo pelo rubio sujeto con lazos y cintas, y toda su vestimenta de terciopelo rojo, obviamente costosa a pesar de la capa de polvo con que la había cubierto el viaje. Usaba zapatos puntiagudos de cuero flexible, tan idóneos para ser exhibidos como para prestar rústicos servicios. Pero tenia una fría luz de regateador en sus ojos e iba montado en un hermoso caballo blanco, rodeado por una tropa de sirvientes bien armados, para protegerse de los ladrones. Se entretenía charlando con el cirujano barbero, al que había permitido sumar su carromato a la caravana de caballos cargados Con sal de la salina de Arundel.

--Poseo tres depósitos a orillas del río y arriendo otros. Nosotros, los vendedores ambulantes, estamos haciendo un nuevo Londres y, por ende, somos útiles al rey y a todos los ingleses.

Barber asintió cortésmente, harto de aquel jactancioso, pero contento por la oportunidad de viajar a Londres bajo la protección de sus armas, pues abundaban los salteadores de caminos a medida que uno se aproximaba a la ciudad.

--¿Cual es vuestro negocio? --le preguntó.

--Dentro de nuestra isla-nación, me dedico sobre todo a la compra de objetos de hierro. Pero también adquiero artículos preciosos que no se producen en esta tierra o los traigo de allende el mar: pieles, sedas, oro y gemas lujosas, prendas de vestir curiosas, pigmentos, vino, aceite, marfil y bronce, cobre y estaño, plata, cristal y artículos similares.

--Entonces, ¿habéis viajado mucho por tierras extranjeras?

El mercader sonrió.

--No; aunque pienso hacerlo. He realizado un solo viaje a Génova, de donde traje colgaduras que, imaginaba, serían compradas por mis colegas más ricos, para sus casas solariegas. Pero antes de que estos pudiesen verlas, fueron adquiridas para los castillos de varios condes que ayudan a nuestro rey Canuto a gobernar la tierra.

“Hare como mínimo otros dos viajes, porque el rey Canuto promete dar un título equivalente al de barón a todo mercader que vaya tres veces al extranjero en interés del comercio inglés. De momento, pago a otros para que viajen, mientras yo atiendo mis negocios en Londres.

--Por favor, habladnos de las novedades de la ciudad --pidió Barber, y Bostock accedió, altanero.

El rey Canuto había construido una inmensa mansión muy cerca del lado oriental de la abadía de Westminster, informó. El rey, danés por nacimiento, gozaba de gran popularidad porque había promulgado una nueva ley que otorgaba a todo inglés nacido libre el derecho a cazar en su propiedad..., derecho que anteriormente estaba reservado al rey y a sus nobles.

--Ahora cualquier terrateniente puede cazar un corzo, como si fuera el monarca de su propia tierra.

Canuto había sucedido a su hermano Haroldo como rey de Dinamarca y gobernaba ese país además de Inglaterra, aclaró Bostock.

--Tiene el predominio de todo el mar del Norte, y ha levantado una armada de buques negros que barren de piratas el océano, dando seguridad a Inglaterra, que por fin disfruta de una paz verdadera en un centenar de años.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:24

Rob apenas prestaba atención al dialogo. Cuando se detuvieron para cenar en Alton, montó el espectáculo con Barber para pagar el lugar que les habían permitido ocupar en el séquito del mercader. Bostock rió a carcajadas y aplaudió delirantemente sus juegos malabares. Regaló dos peniques a Rob.

--Te vendrán bien en la metrópoli, donde las chicas están carísimas --dijo, y le guiñó un ojo.

Rob le dio las gracias, aunque sus pensamientos estaban en otro sitio Cuanto más se aproximaban a Londres, más explícitas se tornaban sus expectativas. Acamparon en las tierras de una granja de Reading, a solo un día de viaje de la ciudad que lo vio nacer. Se pasó la noche en vela tratando de decidir a cual de sus hermanos vería primero.

Al día siguiente, comenzó a descubrir hitos que recordaba: un robledal una roca muy grande, un cruce de caminos cercano a la colina en la que el Barber habían acampado aquella primera noche. Cada una de estas marca hizo palpitar su corazón y hormiguear su sangre. Por la tarde se separaron de la caravana, en Southwark, donde el mercader debía ocuparse de sus negocios. Southwark tenía muchas más cosas de las que había visto la ultima vez que estuvo allí. Desde el talud observaron los nuevos depósitos que estaba levantando en la ribera pantanosa, cerca de la antigua grada del trasbordador, y en el río, muchos barcos extranjeros llenaban los amarraderos.

Barber guió a Incitatus a través del Puente de Londres, por un carril para trafico. Al otro lado había una multitud de personas y animales, tan congestionada que no pudieron girar el carromato hacia la Calle del Támesis y se vieron obligados a seguir recto, para torcer a la izquierda por la calle de la Iglesia Francesa, cruzando el Walbrook y traqueteando luego por los adoquines hasta Cheapside. Rob no podía estarse quieto, pues los viejos barrios de casitas de madera deterioradas por el paso del tiempo no parecían haber cambiado.

Barber hizo torcer al caballo a la derecha en Aldersgate, y luego a la izquierda por Newgate; la incógnita de Rob acerca de sus hermanos quedó resuelta, pues la panadería estaba en esa calle, Newgate, de modo que la primera a quien visitaría sería Anne Mary.

Recordó la casa estrecha con la panadería en la planta baja, y miró ansiosamente de un lado a otro hasta que la divisó.

--¡Aquí, para! --gritó a Barber, y se deslizó del pescante sin dar tiempo a Incitatus a detenerse.

Pero cuando cruzó la calle notó que la tienda correspondía a un abastecedor de buques. Desconcertado, abrió la puerta y entró. Un pelirrojo que estaba sentado detrás del mostrador levantó la vista al oír el sonido de la campanilla que colgaba de la puerta.

--¿Que pasó con la panadería?

El hombre se encogió de hombros detrás de una pila de cabos pulcramente enrollados.

--¿Los Haverhill todavía viven arriba?

--No, ahí vivo yo. He oído decir que antes había unos panaderos.

Pero, según explicó, la tienda estaba vacía cuando compró todo dos años atrás a Durman Monk, que vivía calle abajo.

Rob dejó a Barber esperando en el carro y buscó a Durman Monk, quien resultó ser un anciano solitario, encantado con la oportunidad de charlar, en una casa llena de gatos.

--De modo que tu eres hermano de la pequeña Anne Mary. La recuerdo; era una gatita dulce y amable. Conocí muy bien a los Haverhill y los consideraba excelentes vecinos. Se han trasladado a Salisbury --dijo el viejo, en tanto acariciaba a un gato atigrado de mirada salvaje.

Se le hizo un nudo en el estómago cuando entró en la casa del gremio, que correspondía a su memoria hasta en los últimos detalles, incluido el pedazo de argamasa que faltaba en la pared de zarzo revocado de encima de la puerta. Había unos pocos carpinteros bebiendo, pero Rob no vio ninguna cara conocida.

--¿No está Bukerel aquí?

Uno de los carpinteros dejó su jarra de cerveza.

--¿Quien? ¿Richard Bukerel?

--Si, Richard Bukerel.

--Falleció hace ahora dos años.

Rob sintió algo más que un retortijón, porque Bukerel había sido bondadoso con él.

--¿Quién es ahora jefe carpintero?

--Luard --respondió el hombre lacónicamente--. ¡Tu! --gritó a un aprendiz--. Ve a buscar a Luard y dile que lo busca un mozuelo.

Luard salió del fondo de la sala; era un hombre fornido y de cara arrugada, algo joven para ser jefe carpintero. Asintió sin sorprenderse cuando Rob le pidió por el paradero de un miembro de la Corporación.

Le llevó unos minutos volver las páginas apergaminadas de un voluminoso libro mayor.

--Aquí está --dijo por último y sacudió la cabeza--. Tengo una inscripción vencida de un carpintero subalterno llamado Aylwyn, pero no hay ninguna anotación desde hace unos años.

Entre los presentes en la sala de reuniones nadie conocía a Aylwyn ni sabía por que ya no estaba en la nómina.

--Los cofrades se mudan, y con frecuencia se apuntan en el gremio del lugar --Comentó Luard.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:24

--¿Qué ha sido de Turner Horne?--inquirió Rob.

--¿El maestro carpintero? Sigue allí, en la misma casa de siempre.

Rob suspiró aliviado; en cualquier caso, vería a Samuel. Uno de los que estaban por allí se levantó, llevo aparte a Luard y cuchichearon.

Luard carraspeó.

--Turner Horne es capataz de una cuadrilla que está construyendo una casa en Edred's Hithe --le dijo--. Cole, te sugiero que vayas directamente allí a hablar con él.

Rob paseó la mirada de uno a otro.

--No conozco Edred's Hithe.

--Es un sector nuevo. ¿Conoces Queen's Hithe, el viejo puente romano junto al murallón?

Rob asintió.

--Ve hasta Queen's Hithe. Una vez ahí, cualquiera te orientará para que llegues a Edred's Hithe --dijo Luard.

Muy cerca del murallón estaban los inevitables depósitos y más allá la calles con casas en las que vivía la gente corriente del puerto, fabricantes de velas, avíos y cordajes para embarcaciones, barqueros, estibadores, gabarreros y constructores de barcas. Queen's Hithe estaba densamente poblada tenía una buena proporción de tabernas.

En una fonda maloliente. Rob recibió instrucciones para llegar a Edred Hithe. Era un nuevo barrio que comenzaba en el límite del viejo, y encontró a Turner Lorne levantando una vivienda en una parcela de terreno pantanoso.

Horne bajó del tejado cuando lo llamaron, disgustado porque habían interrumpido su trabajo. Rob lo recordó en cuanto lo vio. El hombre se había vuelto coloradote y su pelo raleaba.

--Soy el hermano de Samuel, maestro Horne --dijo Rob--. Rob J. Col

--Así sea. Pero ¡cuanto has crecido!

Rob vio aflorar la pena en sus ojos honrados.

--Ha estado con nosotros menos de un año --explicó Lorne, sencillamente--. Era un chico prometedor. La señora Horne estaba muy apegada a él. Siempre les decíamos que no jugaran en los muelles. A más de un adulto le costado la vida estar entre los vagones de carga cuando retroceden juntos cuatro caballos. Tanto peor para un niño de nueve años.

--Ocho. --Horne lo observó inquisitivamente--. Si ocurrió un año después de que vosotros le recogierais --aclaró Rob. Tenía los labios estirados y sus gestos no parecían querer moverse, dificultándole el habla--. Dos años menor que yo.

--Tu debes saberlo mejor --apostilló Horne con tono amable--. Esta enterrado en San Botolph, en el fondo y a la derecha del camposanto. Nos dijeron que en ese lugar descansa tu padre. --Hizo una pausa--. En cuanto a las herramientas de tu padre --agregó torpemente--, una de las sierras se ha partido, pero los martillos siguen en buen estado. Puedes llevártelos.

Rob meneó la cabeza.

--Guárdalos tú, por favor. En memoria de Samuel.

Acamparon en una pradera cercana a Bishopsgate, próxima a las tierras húmedas del ángulo noreste de la ciudad. Al día siguiente Rob huyo del rebaño que pastaba y de las condolencias de Barber. A primera hora de la mañana estaba en su vieja calle recordando a los niños, hasta que salió una desconocida de la casa de la madre y echó agua de colada junto a la puerta.

Deambuló hasta encontrarse en Westminster, donde las casas a la vera del río eran cada vez menos frecuentes. Luego, los campos y prados del gran Monasterio se convertían en una nueva finca que solo podía ser la residencia del rey, rodeada de barracas para las tropas y de dependencias en las que, supuso Rob, se despachaban todos los asuntos nacionales. Vio a los temibles miembros de la guardia de corps, de los que se hablaba con respeto reverente en todas las tabernas. Eran hercúleos soldados daneses, escogidos por corpulencia y capacidad combativa para proteger al rey Canuto. Rob pensó que había demasiados hombres armados para un monarca amado por su pueblo. Desanduvo lo andado hacia la ciudad y, sin saber cómo, finalmente se encontró en San Pablo, donde alguien le apoyó una mano en el brazo.

--Te conozco. Tu eres Cole.

Rob miró al joven, y por un instante volvió a tener nueve años y no sabía pelear o poner pies en polvorosa, pues aquel era, sin lugar a dudas, Anthony Tite.

Pero una sonrisa iluminaba el rostro de Tite y no estaba a la vista ninguno de sus secuaces. Además, observó Rob, ahora el era tres cabezas mas alto y bastante mas pesado que su antiguo enemigo. Dio una palmada en el hombro a Tony el Meón, repentinamente tan contento de verlo como si de pequeños hubiesen sido los mejores amigos del mundo.

--Vayamos a una taberna y háblame de ti --propuso Anthony, pero Rob vaciló, porque solo tenía los dos peniques que le había dado el mercader Bobstock por sus malabarismos. Anthony Tite comprendió--. Invito yo. He cobrado un buen salario este último año.

Era aprendiz de carpintero, le contó. a Rob en cuanto se instalaron en un rincón de una taberna cercana para beber cerveza.

--En el hoyo --precisó, y Rob notó que su voz era ronca y su tez cetrina.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:24

Rob conocía ese trabajo. Un aprendiz permanecía en un pozo profundo, en cuya parte alta se colocaba un tronco. El aprendiz tiraba de un extremo de una larga sierra, y todo el día respiraba el serrín que le caía encima, mientras un carpintero subalterno se situaba en el borde del hoyo y manejaba la sierra desde arriba.

--Los malos tiempos parecen haber tocado a su fin para los carpinteros --dijo Rob--. Visité la casa de la cofradía y vi a muy pocos vagando por allí.

Tite asintió.

--Londres crece. La ciudad ya tiene cien mil almas: la octava parte de todos los ingleses. Levantan edificios por todas partes. Es un buen momento para inscribirse como aprendiz en el gremio, pues se rumorea que en breve crearan otra Centena. Y como tu eres hijo de un carpintero...

Rob movió la cabeza negativamente.

--Ya he hecho un aprendizaje.

Le habló de sus viajes con Barber, y se sintió gratificado al notar cierta envidia en los ojos de Anthony. Tite habló de la muerte de Samuel.

--Yo he perdido a mi madre y a dos hermanos en años recientes, víctimas de la viruela, y a mi padre a causa de las fiebres.

Rob asintió, con mirada sombría.

--Tengo que encontrar a los que están vivos. En cualquier casa de Londres por la que paso puede estar el último hijo nacido de mi madre antes de su muerte, colocado por Richard Bukerel.

--Quizá la viuda de Bukerel sepa algo.--Rob se sentó más erguido- Se ha vuelto a casar con un verdulero de nombre Buffington. Su nueva casa no esta lejos de aquí. Inmediatamente más allá de Ludgate.

La casa de Buffington se hallaba en un paraje no muy distinto a aquel tan solitario, en el que el rey había construido su nueva residencia, pero estaba muy próximo a la humedad de las zonas pantanosas del Fleet, y era u refugio lleno de parches en lugar de un palacio. Detrás de la casucha había pulcros campos de coles y lechugas, rodeados por un páramo pantanoso sin drenar.

Lo contempló todo por un momento, y vio a cuatro niños cochinos acarreando sacos de piedras con los que daban vueltas alrededor de los campos plagados de mosquitos, como letal patrulla contra las liebres.

Encontró a la señora Buffington en la casa. Se saludaron. Ella estaba clasificando diversos productos en canastas. Los animales se comían sus beneficios, explicó en tono gruñón.

--Te recuerdo a ti y a tu familia--dijo, mientras lo examinaba como si fuera una verdura selecta.

Pero cuando le hizo la pregunta que lo había llevado allí, ella no recordaba que su primer marido hubiese mencionado el nombre o el paradero de la nodriza que se llevó al bebe bautizado como Roger Cole.

--¿Nadie apunto su nombre?

Probablemente algo notó la mujer en su mirada, porque se explicó.

--Yo no se escribir. ¿Por que no preguntaste su nombre y lo escribiste tu? ¿Acaso no es tu hermano?

Rob se preguntó cómo podía esperarse semejante responsabilidad de un crío en sus circunstancias, aunque sabía que en cierto sentido la mujer tenía razón.

La señora Buffington le sonrió.

--No seamos descorteses entre nosotros, pues hemos compartido días más duros como vecinos.

Para su gran sorpresa, vio que lo estudiaba como una mujer estudia a un hombre, con ojos ansiosos. Había adelgazado por las faenas que ahora realizaba y Rob comprendió que en otros tiempos había sido hermosa. No era mayor que Editha.

Pero pensó melancólicamente en Bukerel y recordó la cruel mezquindad de aquella mujer, sin olvidar que cuando quedó solo lo habría vendido como esclavo.

La miró fríamente, le dio las gracias y se marchó.

En la iglesia de San Botolph, el sacristán --un viejo picado de viruela y Con el pelo gris polvoriento-- respondió a su llamada. Rob preguntó por el Sacerdote que había enterrado a sus padres.

--El padre Kempton fue trasladado a Escocia hace diez meses.

El anciano lo llevó al cementerio de la iglesia.

--Ahora esto está abarrotado --dijo--. ¿No estabas aquí hace dos años, cuando el azote de la viruela? --Rob meneó la cabeza--. ¡Afortunado de ti!

Murieron tantos que enterrábamos todos los días. Ahora andamos escasos de espacio. Gente de todas partes llega en tropel a Londres, y todo hombre alcanza en seguida las dos veintenas de años por las que razonablemente puede orar.

--Pero no tenéis más de cuarenta años --observó Rob.

--¿Yo? Yo estoy protegido por la naturaleza eclesiástica de mi trabajo, y en todo sentido he llevado una vida pura e inocente.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:25

Le dedico una sonrisa, y Rob olió el alcohol de su aliento.

Esperó fuera de la casa de enterramientos, mientras el sacristán consultaba el libro. Todo lo que el viejo borrachín pudo hacer fue guiarlo a través de un laberinto de lápidas inclinadas, hasta una zona general de la parte oriental del camposanto, cerca del muro trasero cubierto de musgo, y declaró que tanto su padre como su hermano Samuel “habían sido enterrados por aquí”. Intentó rememorar el funeral de su padre para recordar el emplazamiento de la tumba, pero no lo logró.

Fue más fácil encontrar a su madre: el tejo que crecía tras su sepulcro se había desarrollado mucho en tres años, pero lo reconoció.

Imprevisiblemente y con gran resolución, volvió corriendo al campamento y Barber lo acompañó a un paraje rocoso, más abajo del talud del Támesis, donde seleccionaron un pequeño canto rodado de color gris, aplanado y alisado por largos anos de mareas. Incitatus los ayudó a arrastrarlo desde el río.

Rob pensaba grabar personalmente las inscripciones, pero fue disuadido --Ya hemos pasado demasiado tiempo aquí --dijo Barber--. Deja que lo haga bien y rápidamente un picapedrero. Yo le pagaré su trabajo, cuando tu completes el aprendizaje y trabajes por un salario, me lo devolverás.

Solo se quedaron en Londres el tiempo suficiente para ver la piedra con los tres nombres y las fechas en el lugar que le correspondía en el cementerio, debajo del tejo.

Barber apoyó una mano fornida en su hombro y le dirigió una mirada penetrante.

--Somos viajeros. Llegaremos a todos los sitios en los que puedas hacer averiguaciones sobre tus otros tres hermanos.

Desplegó el mapa de Inglaterra y mostró a Rob los seis grandes caminos que salían de Londres: por el noreste a Colchester, por el norte a Lincoln York, por el noreste a Shrewsbury y Gales, por el oeste a Silchester, Winchester y Salisbury; por el sudeste a Richborough, Dover y Lyme, y por sur a Chichester.

--Aquí, en Ramsey --dijo Barber hundiendo un dedo en el centro de Inglaterra--, es adonde tu vecina viuda, Della Hargreaves se fue a vivir con su hermano. Ella podrá decirte el nombre del ama de cría a la que entregó al bebe Roger, y tu podrás buscarlo la próxima vez que vengamos a Londres.

Aqui abajo está Salisbury, donde según te han dicho la familia Haverhill llevado a tu hermanita Anne Mary.--Arrugó el entrecejo--. Es una pena que no lo supiéramos cuando estuvimos allí durante la feria.

Rob se estremeció al comprender que él y la chiquilla podían haberse cruzado entre las multitudes.

--No importa --dijo Barber--. Regresaremos a Salisbury en nuestro camino de vuelta a Exmouth, en el otoño.

Rob cobró ánimo.

--Y por donde vayamos hacia el norte, preguntaré a todos los sacerdotes y monjes que encuentre si conocen al padre Lovell y a su joven pupilo Willian Cole.

La mañana siguiente abandonaron Londres y siguieron el ancho camino de Lincoln, que llevaba al norte de Inglaterra. Tras dejar atrás todas las casas y el hedor de tanta gente, cuando hicieron un alto para paladear un desayuno especialmente abundante preparado a la orilla de un riachuelo cantarín, coincidieron en que una ciudad no era el mejor lugar para respirar aire de Dios y gozar del calor del sol.

--Un día de principios de junio estaban tumbados de espaldas a la vera de un arroyo, en las cercanías de Chipping Norton, viendo pasar las nubes a través de ramas frondosas, esperando que picaran las truchas.

Apoyadas en dos ramas en forma de Y clavadas en tierra, sus varas de arce estaban inmóviles.

--Muy entrada la temporada para que las truchas tengan hambre de lombrices --murmuró satisfecho Barber--. En un par de semanas, cuando los insectos saltadores pululen en los campos, los peces se cogerán antes.

--¿Cómo conocen la diferencia los gusanos machos? --preguntó Rob.

Medio dormido, Barber sonrió.

--Seguro que todas las hembras se parecen en la oscuridad, como las mujeres.

--Todas las mujeres no son iguales, ni de día ni de noche --protestó Rob--. Parecen semejantes, pero cada una tiene su aroma, su sabor, su tacto.

Barber suspiró.

--Esa es la autentica maravilla que opera de señuelo en el caso del hombre.

Rob se incorporó y fue hasta el carromato. Al volver llevaba en la mano un cuadrado liso de pino en el que había dibujado en tinta el rostro de una muchacha. Se puso en cuclillas junto a Barber y le dio la tabla.

--¿La reconoces?

Barber estudió el dibujo.

--Es la chica de la semana pasada, la muñequita de Fairt Ives.

Rob recuperó el dibujo y lo observó, complacido.

--¿Por que le pusiste esa marca tan fea en la mejilla?

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:25

--Porque la tenía.

Barber asintió.

--La recuerdo. Pero con tu pluma y tu tinta estás en condiciones de embellecer la realidad. ¿Por que no permites que se vea a si misma más favorablemente de lo que la ve el mundo?

Rob frunció el ceño, preocupado sin saber por qué. Volvió a estudiar el parecido.

--De cualquier manera, no lo ha visto, pues lo dibuje después de dejarla.

--Pero podrías haber hecho el dibujo en su presencia. --Rob se encogió de hombros y sonrió. Barber se levantó, plenamente despierto--. Ha llegado el momento de que demos un uso práctico a tu habilidad.

A la mañana siguiente, fueron a ver a un leñador y le pidieron que aserrara rodajas del tronco de un pino. Los cortes de madera resultaron decepcionantes: demasiado ásperos para dibujar con pluma y tinta. Pero las rodajas de una joven haya eran lisas y duras, y el leñador cortó de buena gana un árbol de tamaño mediano a cambio de una moneda.

A continuación del espectáculo de aquella tarde, Barber anunció que su compañero dibujaría gratuitamente retratos de media docena de residente de Chipping Norton.

Se produjo un bullicioso alud. Alrededor de Rob se reunió una multitud para observar, con curiosidad, como mezclaba la tinta. Pero hacia tiempo que dominaba el arte de la representación, y estaba habituado al escrutinio Dibujó un rostro en cada uno de los seis discos de madera: una anciana dos jóvenes, un par de lecheras que olían a vaca, y un hombre con un lobanillo en la nariz.

La mujer tenía los ojos hundidos y la boca desdentada, con los labios arrugados. Uno de los jóvenes era regordete y carirredondo, de modo que fue lo mismo que dibujarle rasgos a una calabaza. El otro era delgado y moreno, con ojos siniestros. Las lecheras eran hermanas y se parecían tanto que el desafío consistió en tratar de captar las sutiles diferencias; allí Rob fracasó porque podrían haber intercambiado sus retratos sin que se notara. De lo seis dibujos, solo se sintió satisfecho con el último. El hombre era casi viejo Sus ojos y todos los surcos de su cara estaban inundados de melancolía. Si saber cómo, Rob logró plasmar toda su tristeza. Dibujo el lobanillo sin la menor vacilación. Barber no protestó, pues todos los modelos estaban visiblemente contentos y se oyeron sostenidos aplausos de los mirones.

--¡Comprad seis frascos y tendréis, 1 gratis, amigos míos! un retrato similar --vociferó Barber, sosteniendo en alto la Panacea Universal y emprendiendo su habitual discurso.

En breve se formó una cola delante de Rob, que dibujaba concentradamente, y una cola más larga aun delante de la tarima, en la que permaneció Barber vendiendo su medicina.

Desde que el rey Canuto había liberalizado las leyes de caza, empezaron a aparecer venados en los puestos de carne. En la plaza del mercado de Adreth, Barber compró un buen cuarto trasero. Lo frotó con ajo silvestre e higo tajos profundos que rellenó con pequeños cuadrados de grasa de cerdo y cebolla, lardeando sabrosamente el exterior con mantequilla dulce; mientras se asaba, roció constantemente la pieza con una mezcla de miel, mostaza cerveza negra.

Rob comió vorazmente, pero Barber dio cuenta de casi todo el cuarto pero acompañado con una prodigiosa cantidad de puré de nabos y una pieza de pan fresco.

--Un poco más, quizá. Para conservar las fuerzas --dijo, sonriente.

Desde que Rob lo conocía, había engordado notablemente... sus buenas piedras, pensó Rob. Las carnes surcaban su cuello, sus antebrazos eran como jamones y su barriga navegaba delante de él, como una vela suelta en vendaval. Y su sed era tan portentosa como su apetito.

Dos días después de dejar Aldreth llegaron al pueblo de Ramsey, donde en la taberna Barber consiguió la atención del propietario tragando en silencio 2 jarros llenos de cerveza antes de imitar el sonido de un trueno con un acto y pasar a la cuestión inmediata.

--Estamos buscando a una mujer de nombre Della Hargreaves. --El hombre se encogió de hombros y meneó la cabeza--. Hargreaves era el apellido de su marido. Es viuda. Vino hace cuatro años para quedarse con su hermano. No conozco el nombre de este, pero le ruego que reflexione, pues es una población pequeña.

Barber pidió más cerveza, para estimularlo. El dueño de la taberna puso ojos en blanco.

--Oswald Sweeter --susurró su mujer mientras servía la bebida.

--¡Ah! Entonces es la hermana de Sweeter --concluyó el hombre, al tiempo que aceptaba el dinero de Barber.

Oswald Sweeter era el herrero de Ramsey, tan corpulento como Barber, puro músculo. Los escuchó algo cejijunto y luego habló, como si lo hiciera de mala gana.

--¿Della? La recogí --dijo--. De mi propia sangre.--con unas tenazas blandió una rama de cerezo en las ascuas incandescentes--. Mi mujer la llenó de bondades, pero Della tiene talento para no trabajar. No se llevaban. Antes de medio año, Della nos abandonó.

--Para ir ¿adonde? --preguntó Rob.

--A Bath.

--¿Y que hace en Bath?

.--Lo mismo que aquí antes de que la echáramos --dijo Sweeter en voz baja

--Se largó con un hombre, escabulléndose como una rata.

--Fue vecina nuestra durante años en Londres, donde siempre se la consideró una mujer respetable --se sintió obligado a decir Rob, aunque nunca le había caído bien.

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Neloky el Mar 29 Abr 2014, 00:25

--Así será, mozalbete, pero hoy mi hermana es una tunanta que prefiere revolcarse con cualquiera antes que trabajar para ganarse el pan. Búscala en el barrio de las putas.

Sacando una barra al rojo vivo de las ascuas, Sweeter terminó la conversación a martillazos, de modo que una desenfrenada lluvia de chispas siguió a Rob y a Barber hasta la puerta.

Llovió una semana seguida mientras se abrían camino costa arriba. Una mañana salieron a rastras de sus húmedas camas bajo el carromato, y descubrieron un día tan suave y glorioso que olvidaron todo salvo su buena fortuna de ser libres y bienaventurados.

--¡Demos un paseo por el mundo inocente! --gritó Barber, y Rob supo exactamente que quería decir, pues a pesar de la terrible urgencia de encontrar a sus hermanos, era joven, sano y cargado de energías en aquel día esplendoroso.

Entre toques del cuerno cantaban exuberantes himnos y tonadas maliciosas, una señal de su presencia más audible que cualquier otra. Rodaba despacio por un sendero arbolado que les proporcionaba alternativamente la cálida luz del sol y la fresca sombra, con mil distintos tonos de verde.

--¿Que más puedes pedir? --dijo Barber.

--Armas --respondió Rob al instante.

A Barber se le borró la sonrisa.

--No pienso comprarte armas --dijo con tono cortante.

--No necesariamente una espada. Pero me parece sensato llevar una daga, pues en cualquier momento pueden atacarnos.

--Cualquier salteador de caminos lo pensaría dos veces antes de asaltarnos, porque somos dos hombres fornidos.

--Es a causa de mi estatura, precisamente. Cuando entro en una taberna los hombres más menudos que yo me miran y piensan: "Es grandote, pero de una estocada se le pueden parar los pies”, y se llevan la mano a la empuñadura de sus armas.

--Y después se dan cuenta de que vas desarmado y comprenden que eres un cachorro que no ha llegado a mastín a pesar de su tamaño. Entonces se sienten muy tontos y te dejan en paz. Con un puñal en el cinto, morirías en quince días.

Siguieron su camino en silencio.

Siglos de violentas invasiones habían hecho creer a todos los ingleses que eran soldados. La ley no permitía que los esclavos llevaran armas, y los aprendices no podían permitirse ese lujo, pero cualquier otro varón exteriorizaba su condición de nacido libre por el pelo largo y por las armas que portaba.

"Claro que un hombre pequeño con un arma puede matar fácilmente a un joven corpulento sin ella”, se dijo Barber.

--Tienes que saber manejar las armas cuando te llegue el momento empuñarlas --decidió--. Esa es una parte de tu instrucción que hemos descuidado. Por tanto, comenzaré a adiestrarte en el uso de la espada y la daga

Rob sonrió de oreja a oreja.

--Gracias, Barber.

En un claro, se pusieron frente a frente, y Barber sacó la daga del cinto.

--No debes empuñarla como un niño que quiere apuñalar hormigas Equilibra la hoja en la palma hacia arriba, como si tuvieras la intención de hacer malabarismos. Los cuatro dedos se cierran alrededor del mango. El pulgar puede quedar plano a lo largo del mango o cubrir los dedos, dependiendo de la trayectoria que se imprima a la hoja. La peor y de la que más hay que protegerse, es la que va de abajo arriba.

El luchador con cuchillo dobla las rodillas y se mueve ligeramente sobre sus pies, listo para saltar hacia adelante o hacia atrás. Listo para zigzaguear con el fin de evitar la puñalada del agresor. Listo para matar, pues este instrumento se usa para el cuerpo a cuerpo y el trabajo sucio. El metal con que está hecho es tan bueno como el de un escalpelo. Una vez que te has entregado a cualquiera de los dos, debes cortar como si de ellos dependiera la vida, que es lo que suele suceder.

Devolvió la daga a su vaina y entregó su espada a Rob, quien la sopesó, sosteniéndola delante de el.

--Romanus sum --dijo en voz muy baja.

Barber sonrió.

--No, no eres un puñetero romano. Al menos con esta espada inglesa.

la romana era corta y puntiaguda, con dos bordes de acero afilados. A ellos les gustaba pelear de cerca, y a veces la usaban como una daga. Pero esto es un sable, Rob J., más largo y más pesado. La mejor de las armas, que mantiene a nuestro enemigo a distancia. Es una cuchilla, un hacha que corta seres humanos en lugar de árboles.

Recuperó la espada y se alejó de Rob. Sujetándola con ambas manos, pero mientras la hoja destellaba y relumbraba en amplios círculos mortales, al acuchillar la luz del sol.

De improviso se detuvo y se inclinó sobre el sable, sin aliento.

--Prueba tu --le dijo, y le entregó el arma.

Escaso consuelo fue para Barber advertir cuan fácilmente su aprendiz empuñaba el pesado sable con una mano. "Es el arma de un hombre fuerte pensó con cierta envidia--, más eficaz cuando se la usa con la agilidad de juventud.”

_________________
Algo para leer # 01 - Página 2 Images?q=tbn:ANd9GcQq_lOeEnQWFJvClsi6fFNbQozkXtdVOxl6PiuafUI98u4uxwC-xgAlgo para leer # 01 - Página 2 09d3708023db1c209eed1c5201f62da5 Mi personalidad es quien soy yo.... Mi actitud depende de quien seas tú.
Neloky
Neloky
Admin

Mensajes : 108478
Fecha de inscripción : 22/11/2013

Volver arriba Ir abajo

Algo para leer # 01 - Página 2 Empty Re: Algo para leer # 01

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 2 de 40. Precedente  1, 2, 3 ... 21 ... 40  Siguiente

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.