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Mis imágenes y yo....... 4.-

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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Mar 24 Nov 2015, 21:19


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Sáb 28 Nov 2015, 15:20


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 12:44


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 14:45


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 14:46


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 14:56

En líneas generales y siempre supeditado a las diferencias en cada caso, el perfil del agresor suele coincidir con un hombre que, pese a las apariencias, es inseguro, con una notable falta de autoestima, con problemas para aceptar la frustración, con restricción emocional (es decir, niegan su área emocional por considerarla signo de debilidad; nunca hablan de sus emociones) y con una total dependencia de la pareja, la única que le da sensación de poder.

En la inmensa mayoría de los casos, no se trata de un enfermo mental, porque su ira no responde a ningún problema de índole orgánico (pese a que hay numerosas teorías que apuntan en esta dirección).


Tampoco tiene por qué coincidir con el perfil de un hombre que fue niño maltratado o víctima de maltrato, aunque no debemos olvidar que la violencia es una conducta aprendida. El proceso a través del cual el hombre aprende que la violencia es útil para resolver problemas cotidianos, para vencer sus frustraciones, comienza con probabilidad en la primera infancia. 

¿Cuál es la diferencia?, ¿por qué hay tantas personas que aún creen que el maltrato se debe a una enfermedad mental? Una de las claves a estas preguntas radica en la descripción de la situación en que se desarrolla el maltrato. 


Si la violencia es como consecuencia de una enfermedad mental basada en una estructura de delirios, pensamientos ciertos para quien los padece y sin posibilidad de razonarlos, el hecho mismo de golpear sería una respuesta a esos delirios por lo que, mientras golpea, no siente la culpa o el remordimiento. La mujer explica, entonces, que ve a su agresor como alguien frío, que le ha hecho daño sin decir palabra (o palabras inconexas relacionadas con el delirio) y que luego no pide perdón. Esto, como ya hemos señalado, ocurre puntualmente y en casos excepcionales. 

El resto de agresores, la gran mayoría, mientras golpea, está verbalizando justificaciones en forma de insultos o de excusas, de que le han provocado. Posteriormente, tienden a pedir perdón y compensar a su pareja de formas diferentes. Este hecho nos hace ver que el agresor tiene conciencia o remordimiento o dejémoslo solo en miedo a las consecuencias de sus actos. Por lo tanto, es capaz de razonar y eso implica que no tiene una enfermedad mental. 

INTERVENCIÓN CON EL MALTRATADOR

Si estamos de acuerdo en que la violencia es una conducta aprendida, estaremos de acuerdo, pues, en que se puede y se debe intervenir de cara a reaprender nuevas formas de comunicación. A este respecto, el debate está servido. Las medidas de castigo empleadas a través de diferentes políticas de actuación en materia de maltrato doméstico no son efectivas. O, al menos, no lo son sin un proceso de intervención continuo que las acompañe. Para que la intervención con el maltratador sea efectiva, debe ser muy individualizada (pese a que muchas técnicas se lleven a cabo en forma de grupo). Debemos comenzar por analizar el esquema mental del agresor: ¿qué valores o principios le rigen en su forma de pensamiento?, ¿qué habilidades personales tiene?, ¿cuál es su experiencia personal con la violencia, con las figuras de apego en su infancia?, ¿cómo es su nivel de autoestima?, etc. Es importante que el profesional sepa crear un conflicto en el propio agresor, esto generará el enganche de cara al proceso de intervención.

Nuestra experiencia nos indica que el nivel de éxito en la intervención viene determinado por dos factores principales: la edad del agresor y su nivel cultural (que no socioeconómico). Cuanto más jóven es y mayor nivel cultural (o mayor capacidad de flexibilizar su pensamiento estanco), mayor probabilidad de éxito hay en la rehabilitación del maltratador.

GRACIA SÁNCHEZ
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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 14:57

Pese a que cada vez son más las mujeres maltratadas que se atreven a alzar su voz, tenemos constancia de que otras tantas siguen calladas e inmersas en un círculo agobiante del que les es difícil salir por diversas razones. Desde nuestra experiencia personal tendemos a intentar decirles que denuncien, que no aguante, que piensen en sus hijos,…, y otros tantos mensajes que, pese a las buenas intenciones, no dejan de ser un reflejo del desconocimiento y la falta de empatía. Pensemos un momento: ¿sería fácil denunciar a tu pareja en un municipio pequeño en el que todos son conocidos?, ¿sería fácil mantener una orden de alejamiento en un municipio en el que pocas calles miden más de 500 metros?



Cuando las campañas publicitarias nos instan a denunciar, se olvidan de algo: no es fácil salir de una situación de maltrato en zonas rurales, en pequeños municipios, ya de por sí enclaustrados en viejos prejuicios y valores que chocan, doy fe, con la situación de mayor anonimato que se vive en pueblos o ciudades más grandes.


EL PROCESO DEL MALTRATO

Pero, ¿por qué? ¿Dónde se genera el problema? ¿Qué es lo que acontece para que la persona a la que has elegido como compañero de viaje llegue a menoscabar por completo tu autoestima, te hiera física y psicológicamente, y dañe directa o indirectamente a los niños que ambos, por lo general, decidisteis un día traer al mundo?

Ana relata que “era el hombre de su vida” cuando le conoció y se enamoró de él. Los malos tratos no comenzaron con una paliza. Si esto hubiese ocurrido así, quizás hubiese sido más fácil pedir ayuda.

El proceso de maltrato suele comenzar de manera insidiosa, gradual: insultos, pequeñas vejaciones, aislamiento progresivo de cualquier red familiar o social,… a veces se repiten tanto los pequeños altercados que llega a normalizarse como proceso de comunicación en la pareja. Los pequeños avisos que Ana pudo haber observado al principio de la relación le habrían puesto en alerta pero, como también suele ocurrir, no fueron percibidos en su momento: ahora sí es consciente de cómo él trataba a su propia madre, cómo él fue minando poco a poco las relaciones con sus amigas, con su propia familia.

   Luego aparecen los primeros golpes, las humillaciones más íntimas, la vergüenza de una misma al mirarse al espejo, y, finalmente, el arrepentimiento de él: esa dulzura al pedirle perdón que llegaba a 'compensar' el resto de acontecimientos. Es esta fase de arrepentimiento del agresor, de muestras de necesidad obsesiva por ella, lo que crea en ocasiones el llamado"síndrome de Estocolmo doméstico": la víctima justifica en mayor o menor grado el comportamiento agresivo de su compañero. Por no hablar de la constante preocupación de muchas mujeres por sus hijos: “¡Cómo voy a separarles de su padre!”.

INTERVENCIÓN CON LA VÍCTIMA





Mujeres como Ana necesitan, tras romper con su pareja, entender por qué no han sido capaces de detenerse a tiempo. Necesitan que alguien les explique por qué volvían a perdonarle una y otra vez en esos momentos de arrepentimiento que convertían la convivencia en una luna de miel. Así, la expresión emocional de la mujer víctima de maltrato es tan importante como la recepción emocional, es decir, que el profesional la ayude a entenderse a sí misma, eliminando con ello el sentimiento de culpa y vuelva a creer en ella misma. El aumento de autoestima permitirá a la mujer replantearse su vida, hacer planes de futuro y sentirse plenamente capaz y autónoma. El proceso completo dependerá de múltiples factores: la gravedad y duración del maltrato, las habilidades personales de la víctima, la red de apoyo familiar y social, etc.


¿QUÉ NECESITA LA MUJER MALTRATADA?


Necesita ser escuchada, pero no es fácil. El profesional que ejerce la escucha ha de estar desprovisto de todo prejuicio. Es probable que el discurso de la víctima esté compuesto por mucha información “descolocada”: descripción de situaciones de maltrato, expresión de sentimientos, preguntas indicativas del sentimiento de culpa, etc. Nuestro papel ha de consistir en 'recolocar' toda esa información. La víctima ha metido todo en el mismo saco y nosotros, a través de esa escucha activa, se lo vamos a devolver metido en 'bolsitas' individuales. Los problemas dejan de tener el valor que les damos una vez que los hemos delimitado, que los hemos convertido en lo que realmente son, sin mezclar unos con otros. A partir del momento en que una persona sabe exactamente cuál es su problema, entra en una fase en la que le es posible generar alternativas de solución. Al mismo tiempo, como ya se señaló, la víctima necesita entenderse a sí misma. La culpa desaparece cuando el profesional le hace consciente de lo normal que es sentir las cosas que ella ha sentido. Se debe empatizar con la víctima pero enseñarla, al mismo tiempo, a que ella empatice consigo misma, que se entienda, que conozca las razones que le impulsaron a perdonar, a justificar, etc.


GRACIA SÁNCHEZ
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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 14:58

Cada vez es mayor el número de personas que reconoce que tiene serios problemas para comunicarse con su pareja, con sus padres, con sus hermanos, con los hijos, con los compañeros de trabajo, etc. Este sentimiento de falta de una auténtica comunicación se debe, en gran parte, a que no se sabe escuchar a los demás. Saber escuchar bien es, por tanto, una destreza que merece ser valorada y enseñada porque produce efectos muy beneficiosos tanto para el que es escuchado como para el que realiza la escucha activa. 

Las estadísticas que manejan los servicios de ayuda psicológica en casos de crisis emocional ponen de manifiesto que el sentimiento de falta de una auténtica comunicación entre las personas avanza de forma creciente. Cuatro de cada cinco adolescentes españoles sienten cierto distanciamiento de sus padres porque creen que “no les comprenden” y que, por tanto, “no merece la pena hablar con ellos de sus problemas”. De manera paralela, el 75% de los padres se queja de que sus hijos, sobre todo a partir de los 15 años, no les escuchan. Asimismo, la incomunicación en la pareja es la causa de la mayoría de los fracasos sentimentales, muy por delante de la infidelidad y de la incompatibilidad de caracteres. De hecho, el 87% de las personas separadas o divorciadas afirma que el principal motivo de su fracaso matrimonial se debió a “la falta de comunicación”.

En realidad, la mayoría de las personas no se encuentran incomunicadas en sentido estricto, lo que sucede es que la comunicación profunda y auténtica va dando paso a otra, funcional, para salir del paso, en la que el ‘peso’ de los sentimientos es cada vez menor y donde apenas se escucha al otro. Y esta es la clave del problema: comunicarse significa escuchar a la otra persona, no solo es hablarle y contarle nuestros pensamientos. 

A escuchar se aprende en el grupo más primario, es decir, fundamentalmente en la familia; y este aprendizaje es de tal modo que, si una persona no se ha sentido escuchada y valorada cuando era niño, muy difícilmente escuchará de verdad a las demás personas cuando sea adulto. Es más: muchos de los expertos del cuidado de la salud mental, sobre todo aquellos más próximos a la Psicoterapia Interpersonal, sostienen que la carencia de una escucha activa en la infancia es el principal origen de muchos de los trastornos psicológicos y psiquiátricos que se manifiestan en la adultez.

El aislamiento y la falta de comunicación también están presentes con mucha frecuencia en los suicidios y en las tentativas de suicidio, así como en los casos de alcoholismo y otras drogodependencias.


LA ESCUCHA ACTIVA, UN BIEN ESCASO


Pese a que cada vez hay más personas que manifiestan que tienen una gran necesidad de ser escuchadas porque se sienten aisladas y que las consecuencias de la falta de una escucha activa puedan ser tan destructivas, sin embargo el arte de saber escuchar no es algo que se valora en nuestra sociedad. No hay más que contemplar el espectáculo lamentable que ofrecen los políticos de lo que es no escuchar: ni a los ciudadanos ni a los adversarios. Se limitan a monólogos sucesivos en los que cada uno descalifica a su rival pero no responde a la argumentación del contrario porque los discursos están previamente preparados, y hasta ensayados, y da lo mismo lo que diga el otro. ¿Y qué se puede decir de las llamadas “tertulias radiofónicas” o los programas del ‘corazón’ en televisión donde todos vociferan al mismo tiempo, nadie escucha al otro y se termina ‘imponiendo’ el que más chilla?


Tristemente, cada vez es más frecuente encontrarse con personas que no escuchan. Solo hablan, habla y hablan... Y cuando parece que están escuchando, en realidad están pensando lo que dirán en cuanto vuelvan a arrebatar la palabra a su interlocutor.

Y lo que es peor: el propio sistema educativo y académico valora incomparablemente más la mera acumulación memorística de datos por parte de los alumnos que promover en ellos una auténtica “cultura de la escucha”, tan necesaria para el equilibrio emocional de cualquier persona, ya que solo a través de una escucha activa es posible establecer y mantener relaciones positivas y constructivas. 


Porque “sin los otros, sin el diálogo con ellos, no hay realización humana posible. Sin los otros, no podemos lograr la verdadera felicidad, que consiste esencialmente en compartir lo que somos y tenemos con los demás”, explica el dominico y escritor Juan Bestard.

De hecho, la principal demanda que realizan las personas que llaman a los servicios de ayuda psicológica en casos de crisis emocional es “ser escuchado”. En concreto, el 65% de los llamantes dice que necesita que “alguien le escuche”, muy por delante del 17% que pide orientación respecto a un problema o del 7% que solicita entrevista con un psicólogo o un abogado.

La escucha profunda y de calidad es, por tanto, un bien escaso (y poco valorado en la sociedad actual), aunque tremendamente necesario. Por esta razón, el filósofo griego Zenón de Elea solía decir a sus discípulos: “Recordad que la naturaleza nos ha dado dos oídos y una sola boca para enseñarnos que vale más escuchar que hablar”.


SE BUSCAN PERSONAS QUE SEPAN ESCUCHAR



Existen ciertas habilidades sociales, como puede ser la de hablar o escribir bien, que gozan de un cierto reconocimiento. Es cierto que desarrollar estas destrezas, conquistar con la palabra o saber presentar de forma bella, ordenada y racional los propios argumentos, requiere de un laborioso adiestramiento y es digno de encomio. Pero si elevamos a un excelente orador o un magnífico escritor, es poco explicable por qué no tiene la misma apreciación la persona que sabe escuchar


“Sin embargo –como explica Francesc Torralba Roselló, catedrático de Filosofía en la Universidad Ramón Llull,- todos valoramos, intuitivamente, a la persona que sabe escuchar, la buscamos, deseamos sentarnos a su lado, estar con ella, porque todos, desde lo más profundo, necesitamos ser escuchados, especialmente cuando nos hallamos en situaciones límite y hemos perdido el control sobre nuestra propia vida”. 

Es paradójico que la falta de comunicación y el aislamiento que experimentan en la actualidad muchas personas se deban, en gran parte, a que no se sabe escuchar a los demás y que, al mismo tiempo, exista la creencia de que la escucha es un proceso automático. 


Escuchar de forma activa requiere de un esfuerzo superior al que se hace al hablar y también del que se realiza al escuchar sin interpretar lo que se oye. La escucha activa implica prestar atención al interlocutor, esfuerzo para captar su mensaje y capacidad para descifrarlo con precisión. Significa entender la comunicación desde el punto de vista del que habla. La escucha activa, por tanto, se refiere a la habilidad de escuchar, no solo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, las ideas o los pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo
Para llegar a entender a alguien se precisa empatía, es decir, saber ponerse en el lugar de la otra persona. Sostenía el jesuita y escritor Anthony de Mello que “la escucha es el arte más difícil. Para escucharse de verdad en una conversación, las dos partes en el diálogo han de estar abiertas, sin prejuicios, en entera disposición de comprender”.

Las personas que, de verdad, saben escuchar escasean y, sin embargo, son hoy más necesarias que nunca. Por eso el profesor Torralba Roselló recalca que “nunca se insistirá la suficiente en el bien que supone ser escuchado por alguien, tener la sensación de que los sentimientos y pensamientos que uno experimenta en sus adentros son acogidos generosamente por un interlocutorque se dispone, libremente, a asumirlos, a integrarlos y a recibirlos en su propia interioridad sin juzgarlos, ni fiscalizarlos”.


LA ESCUCHA ACTIVA ES TERAPÉUTICA


La escucha profunda y respetuosa proporciona unos notables efectos beneficiosos, no solamente para el que es escuchado, sino también para el que sabe escuchar.

Cuando una persona se encuentra en una situación de crisis emocional, solo con el hecho de compartir aquello que le causa sufrimiento y poder desahogarse con alguien que le respeta y no le juzga, efectivamente se “des-ahoga” y experimenta una gran liberación interior, porque las penas, compartidas, ‘pesan’ menos. La buena escucha es, en sí misma, terapéutica.

Además, si la escucha ha sido realmente activa, de manera que la persona escuchada se ha sentido acogida y el escuchador ha sabido encontrar las palabras precisas y cálidas para formular las preguntas oportunas que abren la inteligencia, la persona escuchada puede reformularse su situación y repensarse las posibles decisionesque deba tomar en su vida.

Asimismo, cuando una persona nos dedica su tiempo y nos escucha sin rechazo, sin interrumpirnos cuando lo que necesitamos es hablar, prestándonos su atención, entonces nuestra autoestima se siente reforzada y nos sentimos más capaces de encarar situaciones sufrientes que nos demandan una respuesta.


ESCUCHAR PARA CRECER COMO PERSONA


La escucha activa también produce efectos muy beneficiosos para quien sabe escuchar adecuadamente. En primer lugar, dominar el arte de la escucha es un modo de crecer como persona. Porque saber escuchar implica estar en disposición de aprender, y para ello es necesario liberarse de prejuicios y de las voces interiores que no nos dejarían atender la voz del que habla desde fuera. 

Saber escuchar también es una forma de ganar en sensibilidad humana. La escucha activa obliga a mirar hacia fuera y dejar de “mirarse el ombligo”. Solo se puede aprender desde una disposición de apertura al otro y con ganas de sorprenderse. Únicamente se puede aprender si se sabe escuchar. Esta predisposición al aprendizaje es la que va a dar al buen escuchador la posibilidad de ampliar su visión del mundo. Quien sabe escuchar comprende que existen tantas realidades como seres humanos, que cada uno tiene su verdad y nadie tiene el monopolio de la verdad absoluta. 

  La persona que sabe escuchar desarrolla el sentido de la prudencia y de la humildad. Quien piensa que todo lo sabe, no escucha. Los engreídos, los orgullosos, no escuchan a los demás. Como subraya Francesc Torralba Roselló, “la escucha es un acto de receptividad y, por ello, solo puede escuchar quien limpia los poros de su ser y permite la libre circulación entre lo exterior y lo interior. 


En ese sentido, deberíamos escuchar, sobre todo, a los que piensan de un modo distinto, a los que creen en otro dios, a los que viven de un modo radicalmente diferente al propio. Todo ello tendría como resultado un conocimiento más profundo de la humanidad del hombre”.


EL VALOR MORAL DE LA ESCUCHA ACTIVA


Una sociedad que se vanagloria de proclamarse “del bienestar” a los que estaría más obligada a escuchar sería a los más vulnerables de nuestro sistema social. “La escucha tiene valor moral cuando es una acto sin interés. Si solo escuchamos a los ricos y poderosos, ¿qué valor moral tiene la escucha?”, se pregunta el profesor Torralba Roselló, quien concluye: “Debemos escuchar a los que nadie quiere, ni desea escuchar. Debemos escuchar a los que hablan lentamente, a los que cuentan sus vidas rotas, a los que explican sus dramas personales, a los que sufren la soledad o el asco de existir. Necesitan ser escuchados. En ocasiones, no exigen nada más, solo un oído amable”.

Pero, hoy, en la civilización de la prisa y el estrés, hay cada vez menos personas que sepan escuchar con atención y serenidad. Porque la escucha activa requiere de un tiempo. Un tiempo para el otro, para que se exprese con tranquilidad, para que verbalice aquello que realmente siente, sin presionarle para que cuente lo que sea rápidamente, ni aturdirle para que diga lo que queremos que diga. 


Y también es necesario darse un tiempo a uno mismo para comprender, en toda su dimensión, lo que la otra persona nos está tratando de comunicar. A veces hay que dejar reposar los mensajes que hemos recibido para que la ‘turbiedad’ de la prisa no nos confunda. Solo pasado un tiempo, cuando los ‘posos’ se han depositado en el fondo, es cuando se nos revela con claridad lo que la otra persona nos estaba demandando en realidad detrás de un discurso que nos podía parecer confuso e, incluso, contradictorio.

Para comprender a una persona es tan importante lo que dice como lo que no dice, porque a veces el silencio es más elocuente que las propias palabras. El buen escuchador aprende a escuchar los silencios. En ocasiones, cuando la desesperación se apodera del presente y del futuro de una persona y es imposible encontrar algún sentido al vivir (“Y te has sentido solo, humanamente solo, definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes”. Luis Rosales, La casa encendida), entonces no existen palabras que puedan expresar lo inefable. En esos momentos, los silencios son el modo de gritar los aullidos del alma.



FERNANDO ALBERCA VICENTE
Orientador y periodista

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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 14:59

No hace falta buscar demasiado para encontrar manifestaciones de odio. Un periódico, una revista, un telediario, un reportaje de investigación. Lejos de nuestra casa, allí donde se cortan las cabezas, o cerca, tan cerca que hasta las personas tienen nombre, como en la canción de Susan Vega sobre la historia de Luka que vivía en el second floor. El caso es que aunque esto que conocemos como odio ha acompañado de una forma o de otra a la historia de la humanidad desde tiempos cainianos, lo cierto es que parece que en la actualidad se odia más que antes. O de una forma más visible, traspasando la barrera del sentimiento y traduciéndolo en conducta observable, como decimos los psicólogos.

Podemos decir, y sobre esto tantas opiniones como expertos, que el odio es un sentimiento procedente de la elaboración a través del pensamiento de la emoción que conocemos como ira

Para ir aclarándonos un poco, conviene explicar, que la emoción es algo que acontece en un espacio de tiempo muy pequeño, de corte fundamentalmente fisiológico y, por lo tanto, con escaso control por parte de la persona

Lo que sigue a la emoción, es el sentimiento, es decir, qué suscita en el ser humano esa emoción y qué decide hacer con ella a través del pensamiento. Es por lo tanto un proceso diferente y más extendido en el tiempo. Y con posibilidades de control. Bueno, la explicación es un poco simple, pero creo que nos vale para ilustrar lo que queremos.

  Una persona puede experimentar ira, por mil causas, hacia objetos, situaciones o personas. Cuando esto ocurre, se ponen en marcha una serie de procesos relacionados con el sistema neuroendocrino a través del sistema límbico, que es la vía habitual por la que se mueven las emociones. Esta vía es muy rápida, y como hemos apuntado anteriormente, con escaso control por parte del individuo. Vuelve a ser muy simple la explicación, pero los neuropsicólogos sabrán disculparme. 

Hay otra vía, la autopista del neocortex prefrontal en la que la persona puede circular con más espacios para analizar qué le ha ocurrido y, sobre todo, qué decide hacer con esto que le ha ocurrido. Y es en este punto donde entran en juego, además de la mera neurofisiología humana, otros aspectos considerados como superiores, como son la voluntad, el sentido y el perdón. Pero también el rencor, el resentimiento y el odio. 

LA CUÑADA QUE NOS “HIERVE LA SANGRE”

Pongamos un ejemplo. Imagínese que está celebrando una cena de fin de año con su familia. Y entre todos sus familiares además ha venido también a celebrar la fiesta esa cuñada (también puede ser cuñado) que siempre tiene que decir “eso” que a usted le saca de sus casillas y que una y otra vez saca a la luz cuando tiene la menor oportunidad. Y claro, lo dice, por supuesto que mirándole a la cara y delante de todos. Y en los postres, para tomar a gusto el café ¿Le “hierve la sangre”? Puños tensos, adrenalina haciendo de las suyas por sus adentros, rigidez facial y más cosas a la vez. Pues eso es la emoción. Pero esto dura muy poco tiempo.

Como hemos dicho anteriormente, tras la emoción sigue el sentimiento, más lento y relacionado con lo que le ha pasado y con lo que desea hacer con lo que le ha pasado. Así, y con su cuñada enfrente (que sí, que también puede ser su cuñado), usted puede decidir ignorarla recomendándole que no tome otra copa de vino dulce o puede guardar la afrenta en su memoria y en su corazón sine die, con el tiempo y el sustrato suficiente para que la ira se vaya transformando en rencor y este rencor en odio.

Posiblemente a partir de aquí cada vez que le hablen de su cuñada (si desean le ponen una arroba, pero yo me niego), pues bueno, ya me entienden. Puede, y será lo más seguro, que en este caso y en otros parecidos este odio no se traduzca en nada más. Pero esto no es así en todos los casos. Y sirva como ejemplo lo siguiente. 

Permítanme que, aunque sea de refilón, les comente qué es eso del “Síndrome de Alienación Parental” (SAP). En primer lugar, un síndrome es un conjunto de síntomas que caracterizan a una de-terminada enfermedad. Pero también puede hacer referencia a un grupo de fenómenos propios de una situación específica. En el SAP tal vez sea una mezcla de los dos significados. 

El primer autor que definió este síndrome fue Richard Gardner en 1985 como un trastorno que se origina en los niños cuando se encuentran en una situación de disputa entre sus padres por la guardia y custodia, aunque, la realidad también nos dice que pueden existir otros motivos de índole económica en esta particular guerra. Es decir, en situaciones de separaciones no amistosas en la que los hijos se convierten en auténticas armas arrojadizas entre los progenitores.

PLANTANDO SEMILLAS DE RENCOR

El SAP se traduce en una sistemática de adoctrinamiento a través de la difamación de uno de los progenitores (“el malo”), por medio de una serie de estrategias que, poco a poco, van depositando en los niños el rencor hacia una de las figuras parentales, rencor que, en no pocas ocasiones, se transformará en odio.

Estamos hablando de estrategias que el progenitor alienador pone en marcha como, por ejemplo, elaislamiento físico y emocional del niño con respecto al otro progenitor. Aislamiento físico consistente en limitar la comunicación del hijo con la figura excluida y con la familia de la figura excluida (cuánto sufrimiento en tantos abuelos…) Pero también aislamiento emocional a base de impedir al niño su propia reflexión a través de contaminaciones constantes sobre la persona en litigio, sembrando en el niño un conjunto de creencias sobre su padre o sobre su madre que no son suyas, sino del progenitor alienador.

Así, no es raro que el niño sienta miedo hacia uno de sus padres, ya que se le ha transmitido que es el causante de todo el daño, dolor y sufrimiento que se está produciendo. Si esto ocurre de manera continuada, y el niño no encuentra otras figuras seguras que amortigüen esta visión sesgada y manipulada, crecerá con un sentimiento de batalla continua, odiando a su padre o a su madre por cientos de causas (“nos abandonó”, “no nos quería”, “se fue con”, “nos quitó todo”, “no quiso saber nada de ti”, “no le importabas”, etc.)

Llegado a este punto, tal vez alguno de ustedes esté frunciendo el ceño pensando que realmente existen casos en el que sí se produce el abandono, en los que no se quiso saber nada de los hijos y en los que la violencia era habitual en el hogar por parte de uno de los progenitores. Y que el autor de este artículo parece que no es consciente de ello. Pues sí que lo es, pero yo no estoy hablando de estos casos de violencia doméstica que son reales y además dolorosísimos, sino del Síndrome de Alienación Parental, de la utilización de los hijos como mecanismo para causar daño a la otra parte en un proceso de ruptura entre las figuras parentales. Y en los que los auténticamente damnificados son los niños. 

DEL AMOR AL ODIO: EL “EFECTO BOOMERANG

El problema no solo se queda aquí, en el modelaje del sistema de creencias y de lo que el niño debe sentir hacia el progenitor excluido y señalado, que, de por sí, ya es muy grave. Este niño va a crecer y se va a convertir en un joven y, después, en una persona adulta. Pero lo va a hacer con una gran mochila a las espaldas en la que ha guardado todo lo que ha ido aprendiendo durante su vida. Y entre dicho aprendizaje también está todo lo que ha vivido e incorporado en su persona respecto a determinados modelos relacionales. No sería de extrañar que este joven repitiese los mismos patrones patológicos de relación de sus progenitores, que, con tanto mimo y cuidado, le han sido enseñados como medio y objeto de agresión entre sus padres, en el que el odio fue el inquilino que llegó un día a casa para quedarse en sustitución de papá o de mamá.

Pero esto puede tener también un efecto boomerang. Y es que la mayoría de las cosas que nos ocurren a los seres humanos y que marcan buena parte de nuestra existencia, no son determinantes, es decir, que no tienen el poder de decidir radicalmente el devenir de nuestras vidas. Pueden condicionar, pero no determinar.

Así que, este niño que ya ha crecido y que ya es un joven y que, por lo tanto, tiene la capacidad de tomar distancia de las cosas, puede descubrir que la realidad con la que ha vivido hasta entonces no fue tal vez tan exacta como le fue contada. ¿Qué sentimientos comenzará a elaborar hacia la figura parental que construyó todo el entramado de rencor y de odio hacia la “otra parte”?

Peligroso es esto de transmitir e inculcar el odio. La historia está llena de ejemplos en los que el boomerang termina golpeando y derribando al lanzador.

“Si las masas pueden amar sin saber por qué, también pueden odiar sin ningún fundamento”, decía William Shakesperare.

ALFONSO ECHÁVARRI GORRICHO
Psicólogo

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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 14:59


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 15:00


  • ‎“Si te olvidas de ti, tarde o temprano los demás, siguiendo tu ejemplo, también se olvidarán y quizás deduzcan que no existes.” JORGE BUCAY.





  • “Si vives diciendo que todo te saldrá mal, quizá te conviertas en profeta.” ISAAC SINGER.





  • “Es bien sabido que, al final, el individuo llega a creer lo que se repite a sí mismo, independientemente de que la afirmación sea verdadera o falsa. Cada persona es lo que es por el tipo de pensamientos dominantes a los que permite ocupar su mente.” BRUCE LEE.





  • “No hay amor suficiente capaz de llenar el vacío de una persona que no se ama a sí misma.” IRENEORCE.





  • “De todos los males, los más dolorosos son los que se infringe uno mismo.” SÓFOCLES.





  • “Nuestro primer deber es no odiarnos a nosotros mismos.” SWAMI VIVEKANANDA.





  • “Tú, más que nadie en el mundo entero, mereces tu amor y afecto.” BUDA.





  • “Reconcíliate con tu pasado, ese ya no eres tú.” HABILIDAD EMOCIONAL.





  • “He aprendido algo importante: a tenerme a mí, antes no me tenía.” MÍSIA.





  • “El amor a uno mismo es el comienzo de un romance que dura toda la vida.” OSCAR WILDE.





  • “Nadie puede hacerte sentirte inferior sin tu consentimiento.” ELEANOR ROOSEVELT.





  • “La mejor forma de saber que es lo que hay en tu corazón es escuchar la manera en como te expresas.” ANÓNIMO.






  • “Ningún árbol esté sólido y fuerte sino el fatigado de continuos vientos; porque a la vez que combate contra ellos, sus raices se refuerzan y fortifican.” ANÓNIMO.





  • “Para liberarte, observa atentamente lo que haces normalmente. No condenes ni apruebes; limítate a observar.” BRUCE LEE.





  • “Perdónate, acéptate, reconócete y ámate. Recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad.” FACUNDO CABRAL.





  • “Las personas que tiene la mala costumbre de concentrarse en lo más negativo que en lo positivo terminan por ignorar lo bueno.” WALTER RISO.





  • “La autocrítica es conveniente y productiva si se hace con cuidado y con el sano objetivo de aprender y crecer como individuos. A corto plazo puede servir para generar nuevas conductas y enmendar los errores, pero si se utiliza indiscriminada y cruelmente, genera estrés y afecta de manera muy negativa al autoconcepto. Recuerda que si la usas inadecuadamente, terminarás pensando mal de ti mismo, hagas lo que hagas.” WALTER RISO.


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 15:00

¿De qué estilo patológico de hacer política estaría más cerca Mariano‪#‎Rajoy‬? ¿Y Pablo ‪#‎Iglesias‬? ¿Y Pedro ‪#‎Sánchez‬? ¿Y Albert ‪#‎Rivera‬? ¿Y qué decir ya de Nicolás ‪#‎Maduro‬?..


Los diferentes estilos de la acción política se encuentran entre dos extremos, representados por dos personajes históricos: Maquiavelo y Tomás Moro.

  Maquivelo, nace en Florencia en 1469 de familia noble. En su obra más importante,El Príncipe, describe la forma más adecuada que considera imprescindible para gobernar: la búsqueda del bienestar y seguridad de los ciudadanos, sin tener en cuenta los principios éticos o morales. Todo es válido siempre y cuando se busque el bien de los súbditos. Según Maquiavelo, el político debe ser una persona hábil, con capacidad para manipular y destreza para adaptarse a cada momento histórico. Concluye: al político se le valora por su eficacia, no por su virtud.

Por el contrario, Tomás Moro (1478-1535) describe en La Utopía un estado ideal, donde lo nuclear y básico es la familia, defendiendo una sociedad agrícola en contra de una sociedad consumista. No existe propiedad privada y rige sobre todo la libertad y la tolerancia religiosa. En este contexto, el político es un hombre virtuoso que respeta ante todo a los ciudadanos y lucha con medios lícitos por su bienestar.

Si a Tomás Moro lo podemos considerar como un idealista, Maquiavelo está en el extremo opuesto. Entre esas formas de entender la política, se encuentran los diferentes “estilos de políticos”: paranoide, narcisista, histérico y psicopático.

Es evidente que posiblemente no encontremos ningún político con uno de esos estilos en estado puro, sino más bien una mezcla de los mismos, pero con un predominio de alguno de ellos:

EL POLÍTICO PARANOIDE

El paranoico busca la comprobación de sus sospechas y pone “trampas” a todos sus familiares y amigos hasta que se “comprueban sus temores”. Se ve como inmerso en un torbellino de sospechas, que todo lo que ocurre a su alrededor lo ve desde la perspectiva de su malestar y de sentirse controlado. 

El paranoico está solo ante el mundo y ante el universo: él es el poseedor de la verdad, su verdad. El paranoico, que da la sensación de seguridad y poder, es un ser indefenso, que se encuentra ‘atacado’ por todas partes. Se defiende porque se siente débil; juega a ser el duro de la película pero en realidad es el más frágil, de tal manera que cualquier acción, mirada, palabra, o gesto, lo puede romper. El paranoico parte de una premisa falsa (que él considera verdadera) y, a partir de ahí, comienza a construir el castillo de sus ‘verdades’. 

La persona paranoica nunca reconoce su error sino que siempre lo refiere a otro: “los demás son los responsables de mis desgracias”, es el mensaje que transmite. Así, si está enfermo, es por culpa de los médicos que no saben curarle; si la familia no funciona bien, es porque la pareja no colabora. En política esto se traduce en lo siguiente: “los otros siempre son los responsables de las desdichas”. Un ejemplo claro lo tenemos con la actual crisis económica: cuando estaba en la oposición, el Partido Popular afirmaba que el culpable de la crisis era el Gobierno de Zapatero, mientras que para el PSOE el origen de la crisis estaba en EE.UU. Ahora los papeles han cambiado: el PSOE le echa la culpa al Partido Popular de los recortes en educación y sanidad. Por su parte, el Gobierno de Rajoy dice que estas medidas se las imponen desde la Unión Europea. ¡Siempre echando balones fuera!

EL POLÍTICO HISTÉRICO





El histérico es una persona excesivamente preocupada por llamar la atención y ser el centro de cualquier situación. Son superficiales, inestables emocionalmente y se dejan influenciar por cualquier persona. Además son muy seductores, pero difícilmente se implican emocionalmente. Buscan la admiración de los demás, pero huyen de todo compromiso. 

Al político histérico le gusta figurar y ser el centro de atención, pero también su eficacia es nulaActúa en función de las aparienciasde lo que dice la gente y su punto de apoyo no son sus convicciones, sino todo aquello que le puede hacer más agradable a los demás. 

EL POLÍTICO PSICOPÁTICO

Sus características principales las podemos resumir de la siguiente manera: son explotadores e irresponsables con tendencia a quebrantar las normas establecidas y con gran dificultad para establecer vínculos adecuados y duraderos. Además, para algunos autores, se produce ausencia de culpa (por esto, existe un dicho en psiquiatría clásica que dice: “la diferencia entre un psicópata y un neurótico es que el primero hace sufrir a los demás y el segundo sufre él”). Generalmente son impulsivos, con baja tolerancia a la frustración, que no tienen en cuenta la situación del otro y solamente se rigen por una ley: “esto quiero, esto hago”. La única norma que respetan es su deseo y en ocasiones se mueven por el mecanismo de proyección, al insistir en que los que fallan siempre son los otros, no el propio sujeto.


   En definitiva, son personas que siempre están en conflicto con los otros y parece como si no tuvieran afecto y nada les importara los demás. Todo ello se basa en dos presupuestos básicos de este tipo de personas: se sienten distintos a los demás y su relación con los otros es de explotador.

Los políticos psicopáticos ponen en práctica la ley del embudo: pueden ser muy exigentes en el cumplimiento de las leyes por los demás, pero ellos pasan completamente de las mismas. Han llegado a la política para servirse de su posición, no para servir a los ciudadanos.

Una forma de entender de esta forma la política está representada por los corruptos y estafadores, ya que lo importante para ellos no es el bien común sino su propio provecho.

EL POLÍTICO NARCISISTA







Es un concepto que proviene del psicoanálisis. Ha tenido diferentes significados: desde un exagerado amor a sí mismo (como en el mito de Narciso que se ve reflejado en el agua y queda ensimismado de su belleza) hasta la forma de neutralizar un gran sentimiento de baja autoestima que se compensa con la apariencia de un sentimiento de autovaloración hipertrofiada. Algún autor ha llegado a comparar el narcisismo con “la inflación económica”, donde se invierte por encima de las posibilidades reales.


Clínicamente se caracteriza porque, pese a su “enorme autoestima”, es muy vulnerable a cualquier pequeño desaire o rechazo, respondiendo con fuertes sentimientos de ofensa o enfado. En las relaciones interpersonales, con frecuencia, se muestran bastantes distantes y tratan de mantener una impresión de autosuficiencia, y de utilizar a los demás para sus propios fines. Son personas que se consideran superiores a los demás en belleza, talento, capacidad intelectual, etc., y solamente se encuentran bien cuando son admirados y valorados por los demás. Su felicidad, pues, depende de la manifestación de aprecio y estima que los otros expresen.

El político narcisista parte del convencimiento de que es el mejor del mundo y por lo tanto todo debe estar a su servicio. Carece de un mínimo de autocrítica poniéndose una “venda para no ver” las deficiencias y potenciando los pequeños éxitos. Se siente “el ombligo el mundo” y por lo tanto todos deben de estar a su servicio. Es tan autosuficiente que es incapaz de comprender el sufrimiento de los demás.


ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA
Psiquiatra y catedrático de Psicopatología

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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 15:01


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 15:02

En un magnífico estudio, Murray Bowen, pionero de la terapia familiar sistémica, puso de manifiesto que la muerte, o la amenaza que ésta supone, constituye el acontecimiento probablemente más traumático de cuantos pueden alterar el normal desenvolvimiento de una familia. Nada es comparable a los efectos traumáticos que provoca en la unidad familiar la desaparición de alguno de sus miembros. Como es obvio, la intensidad de la reacción emocional dependerá tanto de la importancia funcional de la persona que desaparece como del modo como ésta lo hace.

Es evidente que no todos los fallecimientos provocan el mismo grado de impacto. Algunos desencadenan una “fuerte onda de choque emocional” (padres jóvenes, hijos, “jefe de familia”, niños…), mientras que a otros les sigue un periodo normal de dolor y duelo sin que la desaparición del finado incida demasiado en el funcionamiento de la familia. Tampoco se puede obviar que hay muertes que suponen un cierto alivio (las de quienes provocan graves disfunciones, violentos, enfermos crónicos con pronóstico extremadamente doloroso…) y que pasado el normal periodo de dolor y duelo por el pariente fallecido, la familia inicia una época de una mayor placidez y un mejor equilibrio emocional.

LA FAMILIA ANTE EL SUICIDIO


Pero en lo que sí coinciden todos cuantos han estudiado a fondo el tema del duelo es que el más traumático, más doloroso y más desequilibrante es el que sigue a un suicidio. “La persona que se suicida, dice Caín, deposita todos sus secretos en el corazón del sobreviviente, le condena a afrontar multitud de sentimientos negativos y, aún peor, a obsesionarse con pensamientos relacionados con su papel real o posible a la hora de haber precipitado el acto suicida o de haber fracasado en evitarlo”. Es absolutamente cierto. No cabe ninguna duda de que las muertes violentas, en particular el suicidio, son las más difíciles de aceptar. Todos los estudios al respecto certifican que son las que tienen más riesgos de presentar complicaciones a largo plazo. En el periodo que sigue a una pérdida traumática, y el suicidio lo es en grado máximo, no es infrecuente que los componentes de la familia pierdan la perspectiva y acaben creyendo que sus reacciones son patológicas. Por eso adquiere una especial relevancia trabajar por “normalizar” sus respuestas de ira y de pena, su incapacidad para “dejar de lamentarse”, a la vez que ayudar a los diversos miembros de la familia a que se muestren tolerantes con las distintas formas o estilos a que recurre cada uno para hacer frente a la situación. Sólo así podrán recorrer las dolorosas etapas de duelo que les esperan.

SECUELAS PSICOLÓGICAS EN LA FAMILIA DEL SUICIDA


Insistimos, el dolor que experimenta una familia tras la muerte de uno de sus miembros se incrementa hasta niveles casi insoportables cuando ésta se ha producido por decisión del fallecido. Es entonces cuando las mentes de los sobrevivientes (del inglés survivor) se llenan de fantasmas y sus corazones de sombras y de dudas. Se buscan explicaciones, se pretende encontrar culpables, no se sabe como mitigar una angustia que se muestra invasiva, aturdidora. El efecto del suicidio en la familia constituye una tragedia devastadora que provoca serios destrozos en la vida de los sobrevivientes, introduciéndoles en un duelo, por regla general, muy traumatizante y prolongado. Algunas de las expresiones más destacadas, como muy bien destaca Pérez Barrerto, serían las siguientes: 

Tristeza y rabia. En la primera fase de shock predomina un fuerte sentimiento de tristeza que coexiste con síntomas físicos, dolores precordiales, hipersensibilidad, sentimientos de irrealidad, trastornos de apetito y sueño… Luego aparecerá una fase de rabia que puede ir dirigida hacia uno mismo por no haber sabido o podido evitarlo, hacia los médicos por no haber sido capaces de impedir la trágica decisión del ser querido, hacia el suicida por haberse dado por vencido y haber rechazado la ayuda que se le prestó o se hubiera estado en disposición de prestarle en sus momentos más depresivos o hacia el mismo Dios, cuya ausencia en semejante trance no se comprende… No faltará la angustia y el desconcierto por no haber previsto el fatal desenlace, la frustración por no haber tenido oportunidad para saldar las diferencias con el difunto, las fantasías acerca de los motivos que le llevaron a su autodestrucción, la invasión de pensamientos obsesivos y de recuerdos del fallecido.

Sentimiento de culpabilidad. La muerte por suicidio no implica sólo una dolorosa ausencia, sino que es vivenciada como una acusación por lo que se hizo o se dejó de hacer, lo que se dijo o lo que se silenció. Es éste un sentimiento común a toda pérdida, pero se acentúa en el caso del suicidio. La culpabilidad pesa como una auténtica losa en la familia del suicida. Se explicaría por la sensación de fracaso que se experimenta por no haber podido evitar la muerte del ser querido, de no haber sido capaces dedetectar los pensamientos depresivos que presagiaban la conducta autodestructiva, por no haber atendido las llamadas de atención del finado, no haber facilitado que éste expresara sus ideas suicidas, o por no haber sabido tomar a tiempo las medidas que hubieran podido impedir la tragedia.

Fracaso de rol. Unido al sentimiento de culpa, el suicidio produce una frustrante vivencia de fracaso de rol, sobre todo en las madres que, al tener más interiorizado su papel nutricio de cuidadoras encuentran muchas dificultades para entender que sus desvelos, sus cuidados, sus intentos de protección y sus esfuerzos de contención hayan sido ineficaces a la hora de evitar la tragedia.

El miedo es también una emoción muy presente en casi todos los familiares del suicida y tiene que ver con una especie de vivencia que les hace sentirse vulnerables y en riesgo de repetir la conducta suicida o de padecer una enfermedad mental que les empuje a ello. Este sentimiento que afecta sobre todo a los más jóvenes queda reforzado cuando cada uno entra en contacto con los propios sentimientos autodestructivos. Aparece un vago temor al destino o a una cierta predestinación y, en algunos ambientes, miedo también al futuro del ser querido, “más allá de la muerte” (infierno, condena eterna).

Sentimientos de traición y abandono. Preguntas como “¿por qué lo hizo?”, “¿cómo me pudo hacer tanto daño?”, “¿acaso nos merecíamos esto?”, etc., son redundantes en casi todas las familias de suicidas. Por eso ese tipo de muerte despierta un angustioso sentimiento de haber sido traicionado por el suicida que con su conducta se mostró finalmente impermeable al cariño que se brindó y ajeno a las atenciones que se prestaron.

Preguntas para las que no hay respuestas. Las familias se sienten perdidas en un laberinto de confusión al que no se le encuentra salida. Se amontonan las preguntas para las que no se halla respuesta. Experimentan una urgencia irreprimible de encontrar una justificación racional al suicidio, un motivo o una causa que lo explique de forma mínimamente aceptable.

El estigma. Es otro aspecto nada irrelevante al que toda familia se enfrenta más o menos expresamente. Aunque las cosas van cambiando y la sociedad ha evolucionado y madurado, la mayoría de las familias viven el suicidio como un verdadero estigma que les llena de vergüenza y que no les es fácil sobrellevar. Y esto parece ser así incluso aunque desde el entorno se evite todo señalamiento negativo, se haga el mayor esfuerzo de comprensión y se les trasmita todo el apoyo posible.

Pensamiento distorsionado. Es otra de las variables que se hace presente en la vivencia de la experiencia de un familiar suicida. Hace su aparición por la necesidad de intentar ver la conducta de la víctima no como un suicidio, sino como una muerte accidental, lo que contribuye a crear pautas de comunicación distorsionadas que buscan enmascarar una realidad extremadamente dolorosa. Se fabrica así un verdadero tabú respecto a lo que en verdad le ocurrió a la víctima, ocultando la causa real de la muerte. No deja de ser una forma de protección de algo que no se quiere aceptar porque resulta más amenazante de lo que uno está dispuesto o capacitado para soportar.

J. J. RUIZ
Terapeuta familiar

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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 15:03

ESTOS ÚLTIMOS DÍAS LA VIOLENCIA DE GENERO PARECE Q. HAYA TOMADO AUGE... BUSCANDO OTRA COSA ENCONTRÉ ESTO Y COMO YO NO CREO EN LAS CASUALIDADES OS LO PONGO...

Una buena parte de los jóvenes actuales no es capaz de identificar determinadas formas de violencia machista. A los jóvenes les resulta fácil detectar la agresión cuando es física, sin embargo, aceptan la violencia de dominio y control, que asocian con el amor y que es especialmente preocupante, ya que es la antesala de otras formas más graves de maltrato.

Esta tolerancia con los comportamientos sutiles de agresión, como las amenazas verbales, el control de los horarios, la fiscalización, los celos desmedidos o la desvalorización, se debe en su mayor parte al desconocimiento y la falta de experiencia.

En la mayoría de los casos, tanto el maltratador como el maltratado, provienen de familias disfuncionales, donde existían dificultades para tratar los problemas que afectan al núcleo familiar, en las que no se podían expresar abiertamente los miedos, los sentimientos, las emociones, adoptándose la alternativa de los gritos o el silencio para abordar los problemas, por lo que sus miembros no pudieron satisfacer sus necesidades emocionales de seguridad, pertenencia, amor, estima y valoración.

  Estas carencias afectivas favorecen un sentimiento arraigado de “no ser suficiente”, y eso lleva a buscar una compensación, colocándose en sus relaciones, o bien por encima, imponiendo sus criterios y adoptando posturas dominantes, o por debajo, adoptando posturas pasivas y sumisas.

La violencia de género es la expresión más brutal de la desigualdad entre hombres y mujeres. Canciones como Sin ti no soy nada, películas como A tres metros sobre el cielo, en la que aparece el típico 'chico malo' al que ella, 'princesa frágil y buena', rescata gracias al amor, junto con otros mensajes, que permanentemente recibimos en los medios de comunicación, muestran el ideal del amor romántico, en el que hay que darlo todo.

AMOR Y TOLERANCIA AL DOMINIO

El amor está idealizado y, a cambio de mantener esa idea, se incrementa la tolerancia a ser controlada. A esto se une que 'el príncipe azul' ya no es como en los cuentos, comprensivo y romántico, ahora se identifica con un chico fuerte y varonil, que resulta aún más atractivo, si exhibe comportamientos agresivos.

Por su parte, los medios también transmiten modelos sexistas, que no ayudan a promover la igualdad entre hombres y mujeres. La mujer está cosificada, es un objeto sexual y lo que se cosifica, se despersonaliza y por tanto puede ser poseído y maltratado.

Los hombres y las mujeres tienen motivaciones diferentes a la hora de controlar a su pareja. Los jóvenes reflejan más miedo a la pérdida de prestigio entre su grupo de pares, mientras que las mujeres muestran más miedo a que la pareja fracase o a un posible abandono.

Mientras que los varones son los que ejercen mayor violencia, las mujeres están más dispuestas a dejar de lado sus actividades y sus vínculos sobre todo cuando son novias.

EL CICLO DE LA VIOLENCIA DEL DOMINIO


La violencia machista suele aparecer al poco tiempo de iniciar una relación, se manifiesta de forma sutil, a través de mecanismos de control, que, poco a poco, van creando las condiciones para asentar su dominio, lanzando redes para aislar a la víctima y debilitar el apoyo que pueda tener en las personas cercanas.

Susana, una joven de 15 años me contaba: “Me sentía muy sola, no le gustaban mis amigas y terminé por no verlas, tampoco podía saludar ni a mis compañeros de instituto, porque me acusaba de que tenía “algo” con ellos. Tenía muchos problemas con mis padres, porque no cumplía con sus horarios y es que, si le decía que me tenía que ir, se enfadaba y decía que ya era mayor para tener que hacer lo que ellos querían, entonces me quedaba y se le pasaba el enfado. Dejé de ponerme la ropa que me gusta, porque me decía que parecía una puta con la falda tan corta. Me sentía cada vez peor, no estaba contenta, pero pensaba que todo eso lo hacía porque me quería mucho y sus celos eran porque no quería perderme, eso le halagaba”.

Al principio de la relación la chica confunde que la pretendan dominar con el amor y no es consciente del peligro que corre al entrar en esta red que, en la mayoría de los casos, evolucionará hasta la agresión física, cuando ella no acceda a los deseos impuestos y de la que le costará mucho salir. 

CONSECUENCIAS DEVASTADORAS DEL MALTRATO

El ciclo de la violencia es una espiral que va aumentando en intensidad a medida que se va repitiendo en el tiempo y termina por convertirse en un modelo de relación.Se establece una dinámica circular, existe un punto álgido que coincide con la explosión violenta, al que sigue la llamada “luna de miel”, la fase de los perdones, las lamentaciones y las promesas de que nunca más va a volver a repetirse.

Las consecuencias de este ciclo son devastadoras para la mujer víctima de maltrato. Al principio aparecen los sentimientos de desorientación y desconcierto respecto a la pareja que, en unos momentos se presenta ante ella como una persona violenta y agresiva y en otros amable y entregado. ¿Quién es la persona con la estoy?Se siente paralizada y confundida sin saber qué hacer, llegando a perder habilidades sociales y dejando olvidadas sus capacidades de respuesta. Los momentos de luna de miel la hacen creer que la relación puede funcionar y va modificando sus comportamientos para lograr que la tranquilidad y la calma sean más continuas, así que va dejando atrás comportamientos que piensa que son los que provocan el conflicto y cede continuamente ante su pareja.

Cuando la mujer siente que ya no puede más e intenta “escapar” poniendo fin a la relación, el maltratador despliega sus artes de seducción y promete que va a cambiar, en algunos casos hasta accede a someterse a una terapia, lo que le hace creíble a los ojos de la mujer, que le da otra oportunidad. Este ciclo es una de las principales causas de la dificultad de la mujer para salir de la situación de violencia en la que se encuentra. En su interior sabe que las cosas no cambiarán, pero hasta que no tome conciencia de ello, dará vueltas sin salida.

LAS SEÑALES DEL MALTRATO: CÓMO CONSIGUE UN MALTRATADOR DOMINAR A SU VÍCTIMA

# 1.- AISLAMIENTO 

El aislamiento es fundamental para que el maltratador pueda ejercer sus conductas de dominio. Sin embargo, el aislamiento de la mujer no se produce generalmente a través de prohibiciones directas, sino mediante comportamientos que favorecen que sea ella misma la que se vaya alejando de sus relaciones, por el alto coste emocional que le supone mantenerlas. Los comportamientos que los maltratadoras suelen usar para conseguir sus propósitos son la crítica directa o indirecta de sus amistades, el provocar situaciones incómodas y el desprestigio de su víctima, acusándola de loca, rara o enferma.

# 2.- CELOS


Los celos son un signo claro de inseguridad y otra manera de mantener el dominio. El propio miedo es proyectado sobre el otro, al que se hace responsable de la propia tranquilidad. Sin embargo, el celoso nunca se siente tranquilo y su demanda es cada vez más exigente y agresiva, porque acumula tensión como consecuencia del flujo permanente de pensamientos distorsionados, lo que termina traduciéndose en explosiones de agresividad psicológica y física. Los celos también se utilizan para aislar. Él no quiere que ella trabaje, ni que estudie, ni que salga, lo que termina consiguiendo. Muchas jóvenes, como es el caso de Susana, interpretan que los celos son necesarios para conservar una relación, porque son manifestaciones de amor.

# 3.- CONTROL


El control se va ejerciendo de forma gradual, paulatina e indirecta, aunque una vez que se consolida, se ejerce de forma directa y tajante. La mujer va cediendo al principio en cosas sin demasiada importancia, como la ropa o el maquillaje, con tal de evitar problemas con su novio, luego, se va acostumbrando a ceder, hasta que es cada vez menos ella misma, hasta quedar anulada.


# 4.- DESVALORIZACIÓN


La desvalorización que el maltratador hace de su pareja respecto a sus opiniones, actuaciones y capacidades, son permanentes, suponiendo una grave merma para su autoestima. Los criticas son constantes, tanto de forma privada como pública.

Sin embargo, muchos jóvenes no identifican los insultos, reproches, amenazas y desprecios habituales como signo de maltrato. 


# 5.- CHANTAJE EMOCIONAL


Es una poderosa forma de manipulación en la que queda claro que nos castigarán si no cedemos a las exigencias que se nos plantean, bien sea a través de intimidar, juzgar, criticar, corregir, ignorar y negar afecto o de la victimización. Sea cual sea el modo, las consecuencias son la disminución de la autoestima, los sentimientos de culpa, la impotencia o los sentimientos de estar contra la pared.


DOMINIO Y NUEVAS TECNOLOGÍAS


Los mecanismos de sometimiento se han adaptado a las nuevas tecnologías, que suponen una herramienta muy potente para el acoso. Internet y las redes sociales son otra forma de invadir la intimidad y un medio para controlar, acosar, difamar y amenazar a la pareja. “Si me quieres, dame tus claves de Twitter y de Facebook”. Esta exigencia se basa en el argumento de que en la pareja no debe haber secretos. “Si no me das las claves, es porque tienes algo que esconder”. Una vez conseguidas las claves, espía y fisgonea, incluso llega a decir a quién tiene que mantener la mujer como amigo y a quién debe borrar. Con las claves en su poder, puede hacerse pasar por ella o amenazarla con publicar contenidos íntimos si no accede a sus peticiones.

El móvil, con su localizador gps, es otra fuente de control para saber dónde está en cada momento la persona a la que se controla. Las nuevas tecnologías permiten demandas como “mándame una foto”, con la que podrá comprobar dónde está, con quién está y qué ropa lleva.

El aspecto más dañino del maltrato es la tortura mental que lleva a la persona a vivir aterrorizada. ¡Qué vergüenza!, ¿cómo cuento yo esto? Las víctimas viven atrapadas y encerradas en sus cárceles de horror, sin darse cuenta de que la llave está en su bolsillo.

Susana, la joven de nuestra historia solía decir: “Cuando ya no podía más se lo dije a mi madre, fue la mejor decisión que he tomado en mi vida. Tenía miedo de que no me comprendiera, pero cuando lo vencí, me di cuenta de que no estaba sola. Gracias a su ayuda estoy en esta terapia que me devuelve a mi vida”.

No te calles, no permitas que el miedo te paralice, ¡Cuenta lo que te pasa!, busca ayuda, fortalécete y recupera tu vida. Si te hace daño, no es verdad que no puedes vivir sin él, la realidad es que no puedes vivir contigo misma a solas. Si te amenaza con que te dejará de querer o pone en cuestión su amor si no haces lo que te pide, es que no te quiere. ¡Corta con él! Cuanto más se alargue la relación, más cuesta salir de ese círculo envenenado de dolor y miedo.


MARÍA GUERRERO ESCUSA
Psicóloga y profesora de la Universidad de Murcia

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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 15:04


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 15:12

CÓMO DEJAR DE ODIARSE A SÍ MISMO (DE UNA VEZ POR TODAS)

Si te ha llamado la atención el título de este artículo porque te preguntas cómo es posible que alguien pueda llegar a odiarse a sí mismo, tienes que saber que estás en franca minoría. Supongo que te sorprende porque nunca lo has sentido. Sin embargo, la realidad es que el odio a sí mismo es un sentimiento muy extendido en nuestra sociedad según han constatado en sus trabajos de investigación el psicólogo Robert Firestone y su hija Lisa, también psicóloga.

Es cierto que la mayoría de las veces preferimos usar eufemismos o expresiones menos fuertes como baja autoestima o mal concepto de uno mismo para referirnos a esa animadversión que tenemos contra nosotros mismos, pero estos investigadores aseguran que la mayoría de las personas, en alguna ocasión, ha sentido un fuerte odio por sí mismo y que, en general, nos tratamos muy mal a nosotros mismos.

  Si tenemos en cuenta la gran cantidad de pensamientos exageradamente autocríticos que se nos pasan por la mente cada día, es fácil comprender hasta qué punto la frase “tú mismo puedes ser tu peor enemigo” refleja la realidad. Este aluvión de pensamientos demasiado autocríticos nos limita en todos los ámbitos de nuestra vida: socava nuestra confianza, sabotea nuestras relaciones, arruina nuestra carrera profesional, boicotea nuestros proyectos…

Según el estudio Chicas reales, presión real de la Fundación Dove realizado con 3.000 chicas de entre 8 y 17 años en los Estados Unidos, siete de cada diez niñas adolescentes creen que no dan la talla como estudiantes, sienten que han decepcionado a sus padres o les disgusta profundamente su cuerpo. Este estudio también constató que tres de cada cuatro chicas con un bajo autoconcepto terminaron materializando esa rabia que sentían por la disconformidad con su apariencia, su físico o sus relaciones familiares en trastornos alimentarios, autolesiones, acoso escolar, consumo de alcohol o drogas.

Se podría pensar que este pensamiento extremadamente crítico con uno mismo es propio de la adolescencia, una época de grandes cambios tanto biológicos como psicológicos. Sin embargo, como resultado de sus trabajos de investigación con mujeres y hombres de todas las edades y diversas procedencias, los psicólogos Lisa y Robert Firestone han llegado a la conclusión que la mayoría de las personas tiene una percepción muy negativa de algún aspecto de su vida. La lista de crueles autocríticas suele ser larga: “Estoy gorda”, “soy un fraude en mi trabajo”, “no soy una persona en la que confiar”, “no soy honesto si hay dinero de por medio”, “no me gusta mi cara”, etc.

Incluso las personas que gozan de reconocimiento en su medio laboral y social, que cuentan con una buena imagen entre sus amigos y que mantienen unas sanas relaciones afectivas con su familia y su pareja, albergan pensamientos autocríticos muy duros.

Por tanto, estas creencias tan negativas de uno mismo no disminuyen a medida que envejecemos, sino que se mantienen a lo largo de nuestra vida.

Para los doctores Firestone, en el interior de toda persona convive un “yo real”, que tiene su origen en la aceptación de uno mismo, y un “anti-yo”, que se alimenta de lo que uno rechaza de sí mismo. Este “anti-yo” se manifiesta a través de una “voz crítica interior” que se dedica a desalentarnos en cualquier actividad que queramos llevar a cabo. Esta voz crítica interior es manipuladora y trata de influirnos negativamente en todas nuestras vivencias. Si pretendemos alcanzar un objetivo personal o profesional, la voz crítica interior nos repetirá machaconamente: “No lo vas a lograr, tú no vales lo suficiente como para conseguirlo”. Si logramos nuestra meta, la voz crítica seguirá tratando de desmoralizarnos: “Esto no puede durar mucho. Seguro que al final todo saldrá mal”. Si alguna persona muestra afecto por nosotros, nuestro ‘amable’ enemigo interior no cejará en descorazonarnos: “Esta persona no puede ir con buenas intenciones. ¿Por qué habría de fijarse en ti? ¡Cómo se va a enamorar de ti si no destacas en nada!”.

Como esta voz crítica interior actúa como una chicharra incansable y está tan incrustada en nuestro pensamiento, muchos de nosotros llegamos a creer que nos está describiendo la realidad objetiva y aceptamos de forma acrítica las ideas que va grabando en nuestra mente a fuerza de repetirlas.


¿De dónde proviene el odio a sí mismo?


Este sentimiento de odio contra uno mismo se origina en las experiencias de rechazo vivido en nuestros vínculos afectivos, sobre todo, de la infancia. La manera en que una persona se trata a sí misma proviene principalmente de dos influencias:


# 1.- Cómo nos vieron nuestros padres u otros cuidadores influyentes en la infancia


Nuestra autopercepción está muy influencia por cómo nos vieron nuestros padres u otras personas muy cercanas de las dependíamos en los primeros años de vida. El ser humano aprende a verse y a tratarse como fue visto y tratado en los primeros momentos. Así, si sus actitudes hacia nosotros eran de rechazo, de igual modo construiremos la imagen que tengamos de nosotros mismos, ya que las actitudes negativas dirigidas contra los hijos terminan siendo interiorizadas por éstos.

Por el contrario, las actitudes sanas y de refuerzo a las que estuvimos expuestos durante los primeros años de nuestra vida por parte de nuestros padres y cuidadores reforzaron nuestra autoestima y la confianza en nosotros mismos.

Imaginemos, por ejemplo, que nuestra madre, estresada por un montón de obligaciones como ama de casa y trabajadora fuera del hogar, tuviera poca paciencia y nos dijera con frecuencia: “Siempre estoy llegando tarde por ti, es que no te puedes dar más prisa”, “eres un niño muy perezoso”. Frases que probablemente irían acompañadas de suspiros de molestia y miradas de decepción. Seguramente esta percepción de uno mismo como holgazán o inútil sería procesada emocionalmente tal cual por el niño que éramos sin analizar las circunstancias marcándonos nuestra autopercepción.

Si, por ejemplo, como reacción a nuestras travesuras, nuestro padre nos gritase fuera de sí: “¡Eres muy malo, lo peor, de la misma piel del diablo, solo me haces sufrir!”; muy probablemente esto es lo que uno grabaría a fuego en su mente, que eres una mala persona, que no merece ser querida por otra. Porque es casi imposible que, siendo niño, uno cayera en cuenta que el enfado paterno tenía más que ver con que nuestro padre venía cansado del trabajo y estaba frustrado por un jefe avasallador.

Por supuesto que no se trata, a estas alturas, de buscar culpabilidades. Ser padre o educador es extremadamente difícil. Lo importante es darse cuenta de las vivencias infantiles que están condicionando nuestro presente como adultos y, en la medida de lo posible, restañar esas heridas emocionales de la infancia. Es precisamente nuestra voz crítica interior la que se nutre de todas estas experiencia dañinas y que, de una forma u otra, nos las recuerda constantemente.


# 2.- Cómo se veían a sí mismos nuestros padres u otros cuidadores influyentes


Las actitudes de los propias padres para consigo mismos también se transmiten a los hijos. Aunque muchos adultos tienden a pensar que los niños están ocupados con sus juegos y que no se dan cuenta cómo se sienten sus padres, la realidad es que los niños sí se sienten muy afectados por la manera en que sus progenitores se refieren a ellos mismos. En el estudio sobre baja autoestima en las adolescentes citado antes, más de la mitad de las chicas confesaron que tenían una madre que se criticaba a sí misma con mucha frecuencia y con dureza. Cuando un padre dice de sí mismo que se siente fracasado, que no está satisfecho con su propia vida o se mira al espejo con disgusto, lo que haciendo es servir de modelo en la manera en que sus hijos se van a percibir a sí mismos en el futuro.


Cómo el odio a uno mismo condiciona mi vida


Si una persona ha interiorizado que no es digna de ser querida por otra, porque así se lo hicieron ver las personas de las que dependía afectivamente en su infancia (“Nadie te va a querer”), es muy probable que, de una forma no consciente, tienda a buscar parejas que no la valoren y que incluso la humillen. Se produce así, por tanto, la ‘profecía autocumplida’: “No te quieren, te vejan o te maltratan, porque no vales nada”, nos susurrará al oído nuestra voz crítica interior. 

Es más: tras unas cuantas malas experiencias amorosas, nuestra voz crítica interior tratará de disuadirnos de conocer a alguien que nos ame y con el que compartir nuestra vida. “Vas a estar mucho mejor solo/a. Si total todos/as los/as hombres/mujeres son iguales”, deslizará.

Y ahí estará nuestra voz crítica interior para socavar nuestra confianza cada vez que conozcamos a alguien. Incluso si uno sigue los dictados de la voz crítica interior y se recluye en casa y se aísla de los demás, nuestro querido ‘enemigo’ no desperdiciará la menor oportunidad para espetarnos: “Estas solo/a. No tienes ningún amigo de verdad ni nadie que te quiere. Eres un auténtico fracaso”.

La voz crítica interior es poderosa y, si no la atamos en corto, no parará hasta minar por completo nuestra autoestima y boicotear nuestra vida afectiva, laboral y social.


Cómo dejar de odiarse a uno mismo


Para liberarnos de esa voz crítica interior que pretende hacernos la zancadilla en cuanto tiene ocasión, los psicólogos Lisa y Robert Firestone proponen en sus obras The Self under siege y Conquer your critical inner voiceun plan de cuatro etapas que nos llevará a dejarnos de odiar a nosotros mismos y empezar a aceptarnos. Los cuatro pasos para diferenciarnos de nuestra voz crítica interior y romper con ellas son los siguientes:


# 1.- Comprender de dónde vienen esos pensamientos negativos interiorizados


El primer paso consiste en darse cuenta que uno no es su voz crítica interior. En realidad hay que considerarla con un alien que las vivencias más negativas de nuestra infancia y que no supimos asimilar por nuestra corta edad nos ha incrustado en nuestro interior. Pero nosotros no somos nuestra voz crítica interior. Ella es despiadada, rencorosa y manipuladora. Y quiere lo peor para nosotros. Por tanto, es necesario comprender cuál es el origen de estos pensamientos negativos y qué acontecimientos los fueron alimentando. Asimismo, es importante desafiar a nuestra voz crítica interior y resistirse a las conductas autodestructivas o de riesgo que nos impulsa a realizar.


# 2.- Reconocer cuáles son los modelos negativos que hemos seguido sin darnos cuenta


Para diferenciarnos de ella, necesitamos reconocer en los ecos de nuestra voz crítica cuáles son las actitudes negativas y dañinas que hemos copiado de nuestros padres o cuidadores de los que dependíamos en nuestra infancia. Si no hacemos este trabajo de introspección personal y no tratamos de desalojar de nuestra mente a esa odiosa criatura, es muy posible que nuestra voz crítica interior también intente extender sus largos tentáculos y su efecto dañino impacte en nuestros propios hijos, de manera que el ciclo de auto-odio se retroalimente de generación en generación.

Supongamos que nuestro padre, madre o cuidador influyente tenía un carácter muy autoritario y exigente en todos los ámbitos (exigencias académicas, deportivas, de conducta, etc.) de modo que lograra lo que uno lograra siempre era insuficiente. En este caso, sería necesario que uno valorase hasta qué punto la propia autoexigencia es razonable o es una forma de torturase a uno mismo que ha sido interiorizada de forma acrítica. 

En este caso la animadversión hacia uno mismo provendría de un gran sentimiento de frustración al no lograr (porque es imposible) unas expectativas inalcanzables que nos han impuesto y que nosotros hemos hecho nuestras sin valorar nuestras posibilidades de una forma realista. Asimismo, uno se odiará a sí mismo por no ser como debería ser para ser amado por las personas a las que les hemos otorgado un papel afectivo relevante.

Del mismo modo sería positivo analizar si esas actitudes autoritarias impuestas se han reproducido fielmente en la educación de los hijos o, si por el contrario, nos han llevado a un modelo de educación absolutamente opuesto, en el que se ha consentido todo a los hijos. En cualquier caso, la pregunta clave es: ¿es mi verdadero yo o es mi voz crítica quien está llevando el control de mi vida?


# 3.- Reconocer los mecanismos de defensa que hemos armando frente al daño emocional


A veces nuestra incapacidad para asimilar adecuadamente el rechazo experimentado en nuestros vínculos afectivos, en especial del padre o de la madre, nos puede llevar a odiarnos a nosotros mismos como reacción al odio que sentimos por ellos. Y esto es así porque a menudo los seres humanos optamos por dirigir contra nosotros mismos la agresividad que tenemos contra otros.

Otras veces, las vivencias de rechazo que no hemos sabido procesar emocionalmente pueden habernos llevado a construir toda una estrategia de protección que domina nuestra vida. Así, por ejemplo, si de pequeños nos hemos sentido maniatados por el exceso de control de nuestros padres o de los cuidadores influyentes, es muy habitual que, ya de adultos huyamos de todo compromiso sentimental y que nos sintamos más cómodos aislados de los demás. En este sentido, sería positivo preguntarse: ¿hasta qué punto el aislamiento y la soledad han sido elegidos por mí?


# 4.- Encontrar los propios valores que den sentido a tu vida


Una vez que hayamos identificado nuestra voz crítica interior, que hayamos comprendido, sin culpabilidades ni culpables, cómo han sido las relaciones con nuestros padres y otras personas significativas, y cuáles han sido nuestros mecanismos de defensa, necesitamos dar un último paso: ¿qué queremos para nuestra propia vida? ¿Cómo la queremos vivir? 

En la medida que logremos librarnos de nuestra voz crítica interior, estaremos más cerca de conocer nuestro auténtico yo. Y si nos respondemos a nosotros mismos, con honestidad y sinceridad, sobre cómo queremos vivir nuestra vida, será más fácil decidir qué acciones tenemos que llevar a cabo. A partir de ese momento y de esa decisión, podremos dejarnos de odiar a nosotros mismos y viviremos una vida más plena.

FERNANDO ALBERCA VICENTE
Orientador y periodista

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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 15:20


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Vie 11 Dic 2015, 16:51

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A veces me asustas...
Eso es lo que me está tocando hacer esta semana, fortalecer la resiliencia de alguien muy querido, espero ser capaz...

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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Dom 13 Dic 2015, 21:58


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Dom 13 Dic 2015, 22:02


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Dom 13 Dic 2015, 22:07


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Dom 13 Dic 2015, 22:08


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Dom 13 Dic 2015, 22:11


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Re: Mis imágenes y yo....... 4.-

Mensaje por Neloky el Dom 13 Dic 2015, 22:22


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